martes, 8 de abril de 2014


                MI VIAJE POR MADAGASCAR

 

 
Hace tiempo me dispuse a   escribir algunas páginas, recuerdos acerca de los viajes que fuera haciendo, eran ante todo notas que me sirvieran para años después recordar cada uno de ellos. Un amigo  me sugirió que los hiciera públicos y así pudieran utilizarse por la gente que fuera a viajar por los mismos sitios. Era justo, yo también me aprovechaba de los relatos que otros escribían. Sin embargo éste era un viaje  distinto, íbamos a  montar una pequeña escuela  en Tsiroanomandidy, una ciudad de tamaño medio   en Madagascar.  Es mas el relato de una experiencia personal que un relato que sirva a otros viajeros. Pero ahí va. Abajo te dejo relación de los blog donde puedes encontrar referencia a otros viajes

Todo empezó cuando conocí,  años atrás, a Basilio Vallejo, un sacerdote trinitario  que estaba de paso por Córdoba y que era misionero en aquel país.

Estampa habitual
Os diré que las dos horas que estuve  con él  fueron suficientes para  sentir algo de lo que había leído  en mas de una ocasión, hablo de  la fuerza de atracción que unas personas pueden ejercer sobre otras. Eso  sentí  yo, atracción hacia aquella persona. Sentí el significado profundo de la palabra carisma. Sin él buscarlo, allá por donde pasaba, luego lo supe,  dejaba huella  en cuantos le conocían. Le hablé de mis colaboraciones pasadas con Prolibertas (www.prolibertas.org) y me animó a colaborar en la zona de Madagascar en la que él se movía, es decir en Maintirano frente al mar, en el canal de Mozambique, me dijo que si encontraba financiación podíamos hacer un pozo de agua y una pequeña escuela, lo demás vendría por  añadido  y así ir construyendo futuro. Le dije que no me comprometía a nada pero que lo intentaría. A mi regreso a Lanzarote hablé con un par de empresarios y se comprometieron a juntar veinte mil euros que es lo que costaba todo aquello.

Fue un palo muy gordo saber que  Basilio Vallejo a los cuarenta y cinco años moría como consecuencia de un ictus cerebral fulminante.

El proyecto acabó sin haber empezado, la muerte de Basilio hizo que me olvidara de todo aquello y tiempo después cuando lo quise recuperar  los empresarios, con la excusa de la crisis, se echaron atrás.

Recuperé la idea  años después en el  2012. Hablé con Prolibertas y con el responsable de los padres trinitarios en Madagascar  el que fuera superior general de la orden el padre José Hernández durante un encuentro en Madrid. Fue fácil convencerme de la necesidad de seguir abriendo pequeñas escuelas que van formando a los niños.

Sea como sea embauqué a unos amigos con unas cartas de solicitud de ayuda y entre todos conseguimos el dinero para empezar. Gracias pues a, Sergio Regulez, Toño Morales, Esteban Garijo, Emilio Romero, Jaime Lleó, Jaime Ruiz, José de la Cigoña, Manolo Viera , J. María Puig , Gelo Rodríguez, Mayte Ciudad Real , Audelino Castrillejo, Jesús Gª Sicilia , Nacho Rivero, Claudina Morales, Cesar Zarza, David Arévalo, Eduardo Pereira, Manuel Poyato, Inmaculada Saavedra, Benigno Veiga, y mi novia Rosa Aranda



Aldea tipica
Con el dinero conseguido se hizo un primer envío de siete mil euros. El resto, unos dos mil, los llevaríamos en mano para allí gastar en lo que creyéramos conveniente. Me acompañaba mi sobrino Pablo al que embarqué en la aventura  tras hablarle de viajes pasados y para el que estaba mas que predispuesto. El viaje comenzó  el trece de noviembre del 2012 él estuvo tres semanas yo volví diez días  mas tarde.

Llevábamos con nosotros el dinero   que nos quedó tras comprar cuantas cosas nos dijeron les vendría bien a los niños y que allí  no había o eran mas caros. Al final íbamos cada uno con dos maletones de veintitrés kilos (el máximo permitido en air France) con equipaciones de futbol,  balones   de todo tipo y tamaño, material escolar. También llevábamos   medicinas que nos dieron farmacias de amigos a los que igualmente gané para la causa y que no menciono tal y como me pidieron dado que  eran medicamentos  procedentes del programa SIGRE y no les estaba permitido de ninguna manera donarlas.

 Así que de Madrid a Paris y de allí a Madagascar  tras diez horas de viaje, menos mal que la tan temida salida por aduanas  con los maletones cargados de medicinas, material  escolar y  deportivo   fue más fácil de lo previsto  y así en un pis pas nos vimos fuera. Allí estaba Víctor, el nuevo responsable de la casa trinitaria,   esperándonos, era tal su inseguridad para con nosotros que hizo ir con él a Julián Cadenas, otro trinitario español, ya hablare de él, con mas de treinta años en el país.

No había tiempo para mas, llegamos a la parroquia que los trinitarios tienen en la capital  donde nos alojamos hasta que al día siguiente y  tras casi cuatro horas de viaje llegamos a  la que sería nuestra casa durante  quince días en Tsiroanomandidy. 
 

                         TSIROANOMANDIDY
 

La  casa parroquial trinitaria, el edificio en si, no estaba  mal, es solo que lo del mantenimiento no va con ellos, va en el  ADN africano. Las habitaciones  estaban un poco abandonadas, eso sí con baño  lo cual es un lujo,  que de las tuberías saliera  agua era otro tema, debías andar listo y tener lleno un cubo de agua para ducharte a la africana, es decir echarte agua por encima con un bote, enjabonarte y enjuagarte con mas agua  si aun te queda.

Evidentemente no queríamos entorpecer la vida de los sacerdotes por lo que   las siete de la mañana nos levantábamos a  desayunar y después de las consabidas oraciones y el agradecimiento a  Dios por los alimentos, -hacían bien en agradecérselo, comían mejor que todos sus feligreses- nos sentábamos a desayunar, que  siempre consistía en un arroz blanco seco del que se servían varios platos y fruta –nos inflamos a mangos-  un nescafé y alguna cosa mas.

Entre alumnos
Acabado el desayuno del primer día nos fuimos a dar una vuelta  y familiarizarnos con la ciudad. La ciudad se había constituido a lo largo de una calle de varios km  y tres o cuatro calles más que cruzaban a la principal. Supimos mas tarde que en origen toda aquella zona habían sido tierras vírgenes que se habían ido entregando a quienes allí se asentaran lo que había supuesto un crecimiento rápido y  sin control. Por no haber no había ni  saneamiento para las aguas fecales. La parte delantera de las casas se barría pero  por detrás de las mismas se tiraba sin control todo tipo de basuras. De hecho en algunas zonas del país, según he leído en alguna guía, no está bien visto  que el lavabo o  las letrinas se encuentren bajo el mismo techo  que  el que se duerme, aunque las autoridades  tratan de revertir esa situación.

 Íbamos caminando y tomando conciencia de nuestra situación   y de cómo  habían cambiado las cosas desde que nació la idea de hacer la escuela. El caso es que José Hdez, nuestro hombre en Madagascar al que habíamos enviado los siete mil euros e íbamos a pedir cuentas de la inversión, ya no estaba allí. Según supimos más tarde, o mejor según intuimos,  desavenencias con el obispo de Tsiroanomandidy, antiguo trinitario,  habían provocando su  salida precipitada del país.  Para suplirle se nombró o a otro sacerdote, esta vez malgache, el ya mencionado Víctor y al que desde el primer momento vimos que  el cargo le venía grande, no sé si porque eran sus primeros días al mando de todo aquello pero se le veía distante, temeroso de hablar con nosotros por si metía la pata, aun no se le reconocía  autoridad por parte de sus compañeros y eso le hacía estar huidizo. En realidad lo que quería de nosotros era que no le diéramos la lata. 
Encantadoras


 Creo que hay que explicar un poco cómo funcionan las cosas por allí para entender cuanto  sucede y es que  si bien al principio eran  misioneros trinitarios  españoles  quienes llevaban  el peso de toda la organización la cosa va cambiando. De los   pocos   religiosos españoles   que   allí  quedan, casi  todos   superan los ochenta años, y como la necesidad obliga se va dando paso a la gente del lugar. Tampoco parece que ninguno de los jóvenes  que aun tienen vocación religiosa en España esté dispuesto a dejar las comodidades de las que disfrutan para irse al  otro lado del mundo.

Como digo, se iba  dando responsabilidad a la comunidad religiosa aborigen, lo que en sí mismo es perfecto. Lo que no tengo nada  claro es si la formación con la que llegaban a  sacerdotes  era la adecuada, ante más de uno de ellos tuve la íntima convicción de que  se habían hecho  sacerdotes no de un modo vocacional sino como medio de vida: eran sacerdotes como podían haber sido fontaneros.   A mi entender  se han   ordenado a  muchos malgaches como sacerdotes precipitadamente.  No sé si por la falta de  misioneros españoles  o por ir dando bola a los aborígenes, pero salvo muy honrosas excepciones a la reflexión aquí hecha,   la sensación que me traje del conjunto de los curas malgaches no fue positiva. Ya me jode, pero es así.

Dicho lo anterior y  antes de seguir con el relato hay que decir que  la inmensa mayoría de las inversiones   hechas por los trinitarios se habían realizado de un modo  personalista salvo excepciones.  Prolibertas en Madagascar, entre otras cosas  había promovido una institución  en la que se recogían a discapacitados mentales a los que se trataba de encauzar mínimamente para la sociedad, todo ello bajo los auspicios de una señora francesa que se había instalado allí desde hacía veinte años. Pero lo normal era que  cada religioso allí residente consiguiera dinero en España de ayuntamientos, parroquias o de particulares que confiaban plenamente en él y su buen criterio y lo gastaba en cuanto creía necesario.


Repartiendo camisas
 Así  se habían montado por los trinitarios casi sesenta escuelas y mas de un internado en los mas de setenta años que ya dura  su presencia allí.  Vimos  también,  al lado de la casa trinitaria, una residencia en la que vivían ancianos abandonados por sus familias  y es que  a  las personas mayores se las esconde, lo he visto en toda África, vas por la calle y no ves a ancianos, están poco menos que tirados en la parte de atrás de las casa, algunos incluso abandonados a su suerte como los que allí  vivían. Les dejamos una camisa a cada uno de ellos aunque nos dijeron que muy posiblemente acabaran vendiéndolas dada su calidad.

Prolibertas, por cuya  mediación habíamos gestionado nuestro dinero enviándolo a José Hdez, quería cambiar ese modo personalista de trabajar  y acomodarlo a los tiempos actuales con un control exhaustivo de los gastos exigiendo justificantes de cuanto allí se enviaba incluso en casos como éste en  el que la persona ante  quien tenía que rendir cuentas era yo mismo. Era tal su insistencia en la justificación de las obras que a veces pensé si no les servía a su vez para justificar ante  otros entes la misma inversión.

Con la fuerza de los europeos cuando van a África queríamos empezar a trabajar  desde el primer momento así que pasados un par de días y  sin mas preámbulos le preguntamos al nuevo responsable de la comunidad : - Víctor, cuando podríamos  ver la escuela que se hizo con el dinero que mandamos?,  a lo que  respondió : - que escuela ?.

Nos quedamos de piedra. Ni él ni nadie sabía nada de nada, el dinero lo había gestionado José Hdez  a su buen criterio y solo él conocía  qué se había hecho con el mismo.

Las dudas estaban sembradas. ¿Donde habían ido a parar los siete mil euros?



Preciosas


Ya teníamos una misión que  hacer mientras disfrutábamos de  Madagascar: saber donde había ido a parar el dinero  y   cumplir con el mandato que me habían  dado desde España: “sé nuestros ojos y tráete proyectos posibles a realizar,  pero de acuerdo con nuestros cánones, es decir controlables, contrastables, necesarios para la comunidad y factibles”.

Puestos en contacto con Madrid vía e-mail nos dijeron que era imprescindible llevarnos las facturas originales de las obras realizadas, pero, a quién se las pedíamos? Nadie sabía nada. Buscamos a Julián Cadenas para que nos hiciera  de intérprete y así  evitar  posibles malentendidos y   exigiera de parte de Madrid las facturas de marras. 

Julián Cadenas pasaba  por una situación personal  extraña. Llegó a Madagascar hacia más de seis lustros  junto con el obispo Gustavo y era un misionero mas entre tantos religiosos europeos que allí llegan con la inocencia y buena voluntad de los treinta años, pero éste no volvió a la comodidad de España sino que se partió el cobre entre tanta miseria.  En el camino fue haciendo cosas cada vez más grandes y en la actualidad está dentro de la orden después de estar con pie y medio fuera. Según nos dijeron –él no-  le promovieron un expediente por negarse  a obedecer a sus superiores y es que éstos siguiendo indicaciones del gobierno le instaron a que cesara en sus actividades sociales, que eran muchas e importantes, hasta el punto de molestar a las autoridades ya que le  consideraban  sospechoso de ayudar a la oposición, tal fue el jaleo que se montó que tuvo que abandonar sus actividades durante un tiempo ante las amenazas recibidas y salir por pies en más de una ocasión.

Esa desobediencia  casi le cuesta la expulsión de la orden trinitaria hasta que desde Roma, visto el expediente mandaron a hacer puñetas a la curia malgache. Hoy es un outsider de la orden y aunque depende jerárquicamente de los trinitarios sus obras sociales van por libre.  Con su fuerza y aptitudes realiza  bastantes cosas, gracias a  sus propios benefactores de  España, y  de los  conciertos benéficos  que hace con  los cantantes de moda de Madagascar. Tanta relevancia social le había llevado a los problemas antes descritos.

 Pues bien, con Julián Cadenas de interprete pedimos por enésima vez las facturas correspondientes al dinero   enviado a lo que nos contestaron que si bien no sabían dónde estaban si que existía la escuelita en cuestión y que la veríamos en los próximos días.

 Por fin se arrojaba algo de luz. Mientras tanto le enviamos vía e-mail a José Hdez  que en esos momentos estaba en su nuevo destino, Corea, un requerimiento de información a fin de saber si nos podía explicar donde coño  había puesto el dinero.


Estado de las escuelas
Mientras todo esto se cocía  conocimos a bastante gente, nos dimos de bruces con  Cesar y Jorge, estaban alojados en el obispado y trataban de poner en marcha una casa para mujeres-niñas  maltratadas en las afueras de la ciudad y estaban un poco desmoralizados porque  siempre había algo que no funcionaba dada la sempiterna dejadez de los africanos en cuanto al no cumplimiento de los compromisos adquiridos. Nos veríamos muchas veces con ellos.

Es el momento de presentar al obispo al que conocimos tres días mas tarde y es que  el “Ángel Volador” sobrenombre con el que se conocía al obispo Gustavo  había sido trinitario (compañero mío con doce años en el seminario de Alcázar de San Juan  – donde llegan unos y donde llegamos otros-) y tuvo la suerte de estar en el momento adecuado en el sitio adecuado.

 El Vaticano había dividido administrativamente años atrás la isla y necesitaba un obispo para la diócesis montada. Se pidió a los superiores generales de las órdenes religiosas allí asentadas que dieran una terna de futuribles obispos. Fue el padre José Hernández, máximo responsable de los trinitarios a nivel mundial en aquel momento,  quien lo promovió  para el cargo al que accedió mas tarde. Según nos contaron unos y otros el nombramiento lo cambió radicalmente, había cambiado decían, las sandalias por los mocasines, la tierra apelmazada de las aldeas por los mármoles de su residencia. El Ángel Volador ya no pasaba por las aldeas, ya no visitaba  sus parroquias.  El Ángel volador repartía su tiempo entre España a la que iba dos o tres veces al año con estancias de un mes, Roma, donde me contaron mas tarde, lo vieron en plenas navidades y la capital  malgache en la que pasaba el resto del tiempo haciendo política de pasillos. Con esas prácticas poca fuerza podía hacer el escrito presentado por numerosos sacerdotes de él dependientes  quejándose al nuncio apostólico de la dejadez de sus funciones religiosas.

Como habíamos llevado un maletón repleto de  medicinas siguiendo las indicaciones de Miguel y Marion, unos voluntariosos españoles que pasaron seis meses en Tsiroanomandidy meses atrás,   buscamos a Bruno, el médico francés que vivía con su amigo Alen y al que iban destinadas dichas medicinas. Desde hacía unos años se había asentado en la zona y pasaba consulta gratis tres días a la semana en los pequeños pueblos que rodeaban a la ciudad.  No sabíamos lo que las farmacias colaboradoras nos habían dado así que se la dimos  sin más, días después cuando lo volvimos a ver  nos lo agradeció con lágrimas en los ojos de contento que estaba.  

felicidad
Bruno había llegado a Madagascar de la mano de los trinitarios y había vivido en la misma parroquia en la que vivíamos nosotros ahora durante casi un año, hasta que distintas razones habían hecho que se fuera y alquilara un piso con su amigo Alen. Entre los dos habían montado una organización llamada  Tobi y  a la que iban cada tarde distintos alumnos para clases extraescolares. En el local que utilizaban había una pequeña biblioteca y un espacio en el que se daba francés e inglés, karate y un montón de actividades que lucían  en un panel explicativo con los horarios. Iba muy bien para el poco tiempo que llevaba funcionando.

 Su sueño estaba atascado, había empeñado su dinero y el de las donaciones de sus amigos en un edificio en el que agrupar todas sus actividades, tanto las médicas como las de enseñanza, pero no le llegaba. Tenía que hacer un esfuerzo mas entre su gente de Francia, nosotros  como estuvimos mucho tiempo por el local y vimos que aquello merecía la pena aportamos trescientos euros de nuestro bolsillo para la causa.

Gracias a Bruno supimos de las ceremonias “Famadihana”. Nos señaló algunas pequeñas edificaciones que se veían en las colinas, eran pequeños cementerios  familiares. La ceremonia consiste en  que cada siete años  los familiares de los allí enterrados,   desentierran los cuerpos, los limpian cuidadosamente con perfumes y  los  entierran de nuevo envueltos en pañuelos blancos después de   haberlos paseado entre sus parientes y tras las pertinentes oraciones, constituyendo  todo ello una fiesta familiar que los adultos aprovechan para emborracharse, digo yo que no lo harán por la salud del difunto. Mas tarde en España pude ratificar cuanto nos contó. No son pocos los lugares en los que se da mas importancia al difunto que el caso que se le hacia en vida. Ya conté arriba cómo los tratan en vida.

El fin de semana siguiente a recibir nuestras medicinas  nos llevó  a un paraje con unas cascadas impresionantes en las que nos bañamos y que hicieron que cuarenta días después acabaremos en el hospital de medicina tropical, ya en  Madrid, como consecuencia de unos parásitos que se nos habían colado por la piel. Ya volveré sobre ello.

Íbamos conociendo a un  montón de gente,  a unas encantadoras monjitas de clausura que además de a la contemplación se encargaban de vender los frutos de su huerto y de fabricar las obleas que se utilizaban en las misas y  que nos utilizaron de correo para transportar alguna cosa a  sus correligionarias de Andújar. A otras monjas que pasaban consulta médica al lado de la parroquia  que cobraban por los servicios prestados  lo que motivó que apenas recibieran  medicinas de las que habíamos llevado y  con lo que no estuvieron muy de acuerdo. También conocimos a  casi todos los  sacerdotes trinitarios ya que  se celebraba en esos días una de las  reuniones  espirituales  de los  religiosos que pertenecientes  al distrito de Tsiroanomandidy.

El viaje prometía, en apenas tres días se sembraron dudas del acerca de donde estaba nuestro dinero, supimos del encanto de unos niños que se contentaban con que les miraras  y  sonrieras, conocimos a  Bruno el médico francés que dejó sus comodidades en Francia para pasar consulta gratuita entre miserias, al obispo volador, a los voluntariosos españoles  y su casa de acogida de mujeres maltratadas, a Julián Cadenas que interpuso sus ideales sociales al voto de obediencia mal entendido,….. 

Esto no había hecho sino empezar.           

Los días siguientes los destinaríamos  a visitar algunas aldeas con el fin de ver en qué estado estaban las instalaciones escolares y ver posibles programas de ayuda para el futuro.

Lo siento, tengo que hablar de la organización administrativa, aunque solo sea por encima.

Resulta que la orden  trinitaria en Madagascar se organiza en varios departamentos, el más importante es donde estábamos, el de Tsiroanomandidy. Dicho distrito  se divide en seis parroquias y dentro de ellas hay pequeñas aldeas por las que se habían diseminado las escuelas arriba mencionadas. Nada se hacía en cada pequeña aldea sin el beneplácito del cura párroco.  Pues bien, la parroquia de Ambohimiarna era la más grande y en una de sus pequeñas aldeas, Ambohidaht, a apenas media hora de la ciudad, se habían comprado trescientas hectáreas de terreno  con el fin de obtener dinero vendiendo los productos obtenidos  y revertirlo a la comunidad y así   ser autosuficiente y no depender de las ayudas europeas. Todo un sueño.

Allí, bajo el mismo recinto, había  una escuela primaria,  una secundaria que recogía  alumnos de escuelas primarias de aldeas colindantes  y continuaban  estudiando  camino del instituto, también  había un internado para niños de ambos sexos  y  cuya casa quedaba muy lejos para ir y venir cada día y a la que  muchos de ellos volvían los fines de semana, una sala de estudios, unos comedores.

Hacía escasos meses que se había  inaugurado allí mismo  una casa retiro con unas veinte habitaciones  y que  se utilizaba de cuando en cuando por la comunidad religiosa y esperaba ser también un pequeño complejo alojativo que aportara algún dinero a la comunidad.  Todo aquello constituía la joya de la corona de  los trinitarios en el sur de Madagascar.

 El religioso  a cargo de de todo aquello era, el que a la postre fue uno de los personajes del viaje: el padre Bernard. Él era el responsable de la joya de la corona de los trinitarios en la zona sur de Madagascar, la parroquia de Ambohidaht  del  distrito de Tsiroanomandidy.  A él  se le había encargado la llevanza de las tierras por cuanto estaba considerado como un buen capataz agrícola.


¡¡¡ esas sonrisas ¡¡¡
Nada más verlo  Pablo lo  apodó como “el mamarracho”. Nunca vi acierto mayor en el apodo a una persona, ya puedes imaginar el aspecto y comportamiento del cura en cuestión, le servimos de excusa para  justificar la compra de cervezas que se bebía de dos en dos. Aun teniendo por superior a  Víctor,  éste no se metía en nada y aquél  regentaba aquello como si de su cortijo se tratara y así vimos, alguna mañana de las que allí dormimos, cómo  se arremolinaban en la puerta una treintena de mujeres que iban a buscar  trabajo, ya fuera arando, sembrando, o cualquier otra tarea agrícola y de cómo el mamarracho, aun con  legañas en los ojos, la camisa desabrochada y aspecto deleznable decidía cual de aquellas mujeres trabajaría ese día. Plena edad media.

Con aire condescendiente nos miró cuando allí llegamos como preguntándose “ a qué coño habrán venido estos dos?”

Dado que la escolarización no es obligatoria  son muchos los niños que  no pisan la escuela y  mas aun  en las zonas rurales en las que son muy útiles cuidando  animales o labrando  la tierra.  Ir al colegio vale dinero,  alrededor de  diez mil arys al mes  según el tipo de escuela y profesorado  (algo mas de tres euros).  Como las familias suelen tener seis o siete hijos  es  imposible que todos ellos vayan al colegio, no hay dinero para todos.

Son estas escuelitas las que van formando pueblo. Con el tiempo  las  casas se construyen a su alrededor y los niños, si los padres aguantan el gasto, irán a una secundaria y  si tienen suerte y valen, quizá lleguen al liceo. Ó estas escuelitas o nada. Los trinitarios  han llegado donde el estado no llega, han  logrado  que muchos niños hayan aprendido a leer, escribir y a conocer las cuatro reglas fundamentales y que alguno haya llegado incluso a la universidad. No es poco y aunque aquí exponga mis quejas por el comportamiento personal  y la vida licenciosa de alguno de los religiosos malgaches, la orden trinitaria ha colaborado  y lo sigue haciendo para que la región tira para arriba.  A mi me vale con eso.

Los profesores tampoco estaban muy preparados que se diga, Pablo dio una clase de inglés en una escuela secundaria  y el más interesado   en la misma fue Rivolala el profesor. Lo hizo en Ambohidaht,  Rivolala  era el jefe  de estudios y se preocupaba mas o menos por los niños pero incapaz de organizar nada, iba siempre con aires de estar cabreado como esperando su posibilidad que ya le llegaría. Por  él supimos  que había unos cien alumnos de primaria y ochenta de secundaria  que pagaban  algo mas que los de primaria, unos trece mil arys (casi cinco euros)  de  mensualidad,  y que recibían por ello además de clases algo de material. Nos dijo que muchos de ellos se retrasaban en el pago o simplemente no pagaban, lo que implicaba que los profesores tampoco cobraran los cien mil arys (unos treinta y cinco euros)  al mes que tenían de sueldo. En muchas ocasiones los alumnos pagaban con sacos de arroz  que los profesores debían vender.

Como el tiempo es muy largo y todo el mundo tenía ganas de contar las miserias de los demás, supimos  que Rivolala estaba castigado en aquella aldea por sus devaneos públicos con alguna mujer en la parroquia que había tenido asignada y lo que era peor, se había quedado con algún dinero que se le había entregado para gastos de la comunidad, al saberlo cobró sentido su insistencia con nosotros  en instaurar un sistema de becas para los niños necesitados y que él controlaría.

Pudimos ver la escuela a la que habían dedicado seis meses de tiempo y  cariño  Marian y Miguel  haciendo  mapas del mundo,  del cuerpo humano y que colgaban de las paredes, así como una valla que delimitaba la escuela. Ni los poster, ni la valla  por el deterioro que llevaban  completarían el curso. Apenas hacía un mes que se habían marchado y ya todo aquello tenia aspecto de abandono. Por momentos no podías dejar de pensar si cuanto hiciéramos valdría para algo.  
Estado lametable
                  

El día siguiente visitamos Ambohimiarina, allí nos esperaban monjas guadalupeñas, con ascendencia en la virgen mexicana de Guadalupe,  eran malgaches pero su roce con las mexicanas había  logrado que chapurrearan el español y el contacto con el que había sido su mentor hasta hacía unos meses, el padre José Hdez. Hay unas fotos y videos al lado de este relato que tratan de recoger cómo nos trataron a  nuestra llegada.

Nos dispensaron un recibimiento improvisado con varios centenares de niños cantando. La madre  superiora Carolina y la resolutiva Hortensia manejaban a quinientos cincuenta alumnos tanto de primaria como de secundaria y de unos pocos a punto de saltar al liceo el año próximo. Como todo aquello había sido precipitado nos citaron para tres días después y así recibirnos como – según dijeron- nos merecíamos.

El complejo escolar lo formaban más de diez aulas lo cual aprovechó Víctor para decirnos que una de ellas se había construido con nuestro dinero. Pablo y yo nos miramos perplejos  y es que aquellas edificaciones tenían más de tres años y nuestro dinero se había mandado en mayo. Volvimos días mas tarde.

Los mayores
 
Cada día de vuelta a casa nos íbamos al centro a comer algo o cenar con Cesar y Jorge o  jugábamos  al  baloncesto -bueno jugaba Pablo-  con los balones que les habíamos regalado a  los seminaristas que empezaban el camino del sacerdocio y a los que regalamos unas camisetas  iguales que a su vez nos había regalado el club del motorista  Julito Simón de Villacañas a fin de que las utilizaran como equipación cuando jugaran con otros centros

Los días siguientes conocimos las aldeas  de Antanasua,  en la que había una escuela hecha por el ayuntamiento de Getxo y cuyos techos se estaban cayendo , allí se arremolinaban alrededor de los profesores  casi cuatrocientos alumnos  , visitamos Tsarratanana, que juntaba casi cien alumnos en cuatro aulas, la escuela estaba bien pero los responsables de la aldea no dejaban de pedir cosas, también nos llegamos hasta Anatuska  cuya escuela construida por unas hermanas  vascas –no recuerdo el nombre-  tenía un aspecto lamentable , su profesora Natasha hacia lo que podía con los sesenta y siete alumnos que tenia.

¡¡¡Un balon ¡¡¡
Nuestra llegada era una fiesta para los niños, de un lado las clases se suspendían durante un rato, de otro les llevábamos algunos juguetes que sabíamos les vendría muy bien  dejábamos en la escuela  balones de futbol, de baloncesto, barajas de cartas,   fichas de dominó,  cuerdas para saltar a la comba, repartíamos globos y frasquitos de esos que producen pompas de jabón… y es que las tardes son muy largas, nos  decían, cuando no hay nada con lo que jugar. Solo quien haya estado en situaciones parecidas puede sabe la alegría que los niños experimentan al verse con balones u otros juguetes para jugar y solo quien lo conozca sabe del respeto con que miran al profesor esperando el permiso de éste para poder coger el balón  y ponerse a jugar. Exactamente como en España


¡¡¡ Como se divirtieron ¡¡¡
Cuando llegamos a cada una de las aldeas hablábamos con sus responsables  a fin de que nos  hablaran  de las necesidades de la misma, siempre  hacíamos  el mismo discurso, les decíamos que éramos Papa Noel y que nos pidieran cosas que alguna sería realizable. Siguiendo las instrucciones de Prolibertas , debían pedir por escrito aquello que necesitaban , explicar cómo redundaría en la comunidad, bondades que se esperaban obtener,  cuantía de los mismos…., pero claro si los pobres no sabían escribir, difícilmente lo podían plasmar en un papel.

Esa tarea debía recaer sobre el párroco de la aldea, es decir  el mamarracho y éste ni se dignaba bajar del coche que nos llevaba mientras cigarro tras cigarro se fumaba el equivalente a la mitad del salario de un peón agrícola. El párroco, como autoridad que era, debía estar presente en cada sitio al que acudiéramos. Nosotros, viendo que éste no iba a mover un dedo, nos prestamos  a que nos dijeran aquello que necesitaban, ya lo “traduciríamos” al lenguaje europeo. Quedamos para vernos  mas adelante ya con unas peticiones concretas.

Mientras visitábamos las aldeas y sus escuelas íbamos formándonos la idea de montar una pequeña liga de futbol entre todas ellas gracias al material que llevábamos o que pudiéramos comprar y así provocar que unos alumnos y otros se conocieran y generar sinergias sociales Como he dicho, teníamos montón de balones que o bien nos habían regalado  o bien habíamos comprado en España,  también teníamos seis   equipaciones para niños compradas en los chinos en Madrid y que repartiríamos entre los colegios una vez formada la liga. Ya iríamos viendo.

Enseñandoles a jugar
Los balones de futbol y baloncesto que dejábamos en cada escuela los dejábamos  al cuidado de los maestros e insistíamos en la idea de que  había que cuidarlos  a fin de   que duraran más. Días después llegamos a Ambohidaht y vimos los balones de baloncesto y de futbol al  solajero, se lo comentamos a los profesores y les dijimos  aquello de que el dinero en Europa no era gratis, que  no caía  de los arboles, que  era un esfuerzo grande  llevarles balones Nos aseguraron  que no volvería a pasar  , pero sabíamos que no era cierto, nadie se sentía responsable de aquello.

Caballerico
Ya llevábamos unos cuantos días por allí. Tuvimos suerte  por cuanto en esos días se celebraba una reunión de religiosos lo que  nos sirvió para ver la tipología de los mismos. Conocimos a  Pedro  que había sido la sombra de José Hdez y que hablaba muy bien español, estaban enfadados con él porque a apenas unos pasos de ser el primer sacerdote malgache decidió dejarlo todo y crear una familia, al ya mencionado Víctor que se encontró con la responsabilidad de ser el responsable de Tsiroanomandidy  y que aun estaba asentándose en el cargo. A Joaquín, de la parroquia de Ambatomaynty a dos días de camino y que representaba perfectamente al fraile orondo que en las películas vemos encargado de las cocinas, comía por tres y andaba por el mundo con aires de superioridad, contento de haberse conocido y dando gracias  por su situación envidiable en un mundo como aquél. A Soasen,  el párroco de Morafenobe que nos causó una muy grata impresión con sus aires de santidad y saber estar, a Albert  que era muy cariñoso y que acababa de llegar de otra zona para hacerse cargo de un montón de pequeñas aldeas y que ya empezaba a tener gran aceptación entre las gentes y algún problemilla con la bebida. En verdad lo tenían muchos de ellos.

Recibimos en esos días el e-mail que esperábamos de José Hdez, en él nos decía que nuestro dinero se había empleado en hacer la segunda planta y el tejado del internado de Ambohimiarina y que las monjas de allá nos darían cuenta de ello. Era el lugar de las monjas Guadalupeñas, donde nos habían recibido tan bien y al que volveríamos dos días más tarde. Allí había efectivamente  un edificio a medias y del que las sores nos hablarían días después. 


Nuestra escuela
Visto lo visto decidimos  que todo el material escolar y deportivo que llevábamos lo dejaríamos con las monjas el día en que nos recibirían las sores. Todo empezaba a cuadrar, José Hdez se había ido precipitadamente de Madagascar dada su incompatibilidad   manifiesta con el obispo que para todo el mundo era evidente y  mas  por cuanto se fue sin despedirse de nadie, algo insólito en un hombre como él.  Ante la evidencia de su marcha no le había dado tiempo  a hacer una escuelita autónoma, sino que incorporó el dinero a una inversión  de mayor calado consistente en hacer un internado y una casa para las propias monjas –vivían hacinadas en dos habitaciones-  y en la que intervenía el Vaticano. Todo ello constituía una inversión de mas de veinticinco mil dólares.

Nuestra escuela
Como el grueso de la inversión era del Vaticano la obra estaba bajo los auspicios del obispo volador y si éste sabía que las monjas habían recibido dinero por fuera les cerraría el grifo, así que habían gastado en lo mas inminente, en acabar la segunda planta y techar el edificio antes de que llegara  la época de lluvias. Mas tarde Felipe Bustinza del que ya hablaré nos lo confirmó.

El recibimiento que tuvimos dos días mas tarde  nunca lo olvidaré, se nos vino encima  una lluvia de agradecimiento en forma   de  niños desde los cuatro a los doce  años y que  bajo un sol de justicia  cantaban y bailaban para nosotros. Allí, en presencia de todos, entregamos un montón de material escolar y deportivo en la seguridad de que las monjas le darían buena utilidad.

Decidimos  que la liga de futbol se haría entre los propios alumnos de  Ambohimiarina  y no entre  distintos pueblos, había mas de quinientos niños y era todo mas fácil. Días mas tarde  vimos  lo acertado de nuestra decisión, mientras lo comentábamos el padre Víctor y el mamarracho Bernard miraban con envidia todo el material allí dejado y que no podrían manipular.

Las monjas nos dijeron lo que ya sabíamos, que José Hdez  les había dado el dinero porque el obispo se retrasaba en los pagos del dinero enviado por el Vaticano y las  lluvias próximas  habrían deteriorado mucho el edificio si éste estaba sin techar.  De ese modo con el resto comprometido lograrían darle un empujón definitivo al edificio. Resultaba  evidente que se fiaba mas de las monjas que del obispo. También nos dijeron de la necesidad  de amueblar todo aquello y nos trajimos unos presupuestos para Prolibertas de los costes necesarios para que aquello se finalizara. Como buenas monjas no dejaban de pedirnos cosas, hasta una moto nos pidieron dado que en la época de lluvias los caminos son impracticables para los coches.

No todos los alumnos antes mencionados eran de la pequeña ciudad que era Ambohimiarina sino que recogía a niños de toda la región por eso era  imprescindible un internado. Si alguien está pensando en internados a la europea que lo olvide, de ninguna manera  son asimilables a los nuestros, allí la cama es el suelo y un par de mantas, los baños son mas bien letrinas cuarteleras y la sala de estudios, un banco corrido. Lo importante es que tienen un techo y no necesitan hacer tres horas de ida y otras tantas de vuelta cada día si es que quieren continuar sus estudios.

Nos quedamos contentos de cuanto vimos y de cómo se había empleado nuestro dinero. Nos entregaron las facturas de lo pagado por la segunda planta y el techo. Las fechas se correspondían con el dinero enviado por nosotros. Todo cuadraba.

Sí, me gustaron aquellas monjas con sus maneras férreas a la vez que dulces con las que trataban a los niños. Sabían aplicar la teoría del palo y la zanahoria.

Esto ocurría un jueves, el sábado siguiente habría un partido de liga ente los colegios de Ambohimiarina  y Ambohidaht.  A las ocho de la mañana antes de que el sol apretara  deberían estar equipos de niños y niñas  de ambas localidades en esta última ya desayunados. Jugarían a baloncesto y futbol y habría al menos seis partidos por lo que no se debía perder tiempo.

A las seis de la mañana del domingo los alumnos de Ambohidaht  ya estaban  esperando para su misa matutina, a qué hora llegó el mamarracho a decir la misa ? , a las siete. En qué condiciones ? , borracho. Palabrita del niño Jesús.

Los equipos de las monjas llegaron  a las ocho según lo previsto  habían llegado  allí en tres o cuatro carromatos  ya desayunados   y tras dos horas de viaje. Los de Ambohidaht y eso que estaban en su colegio aun no habían desayunado y deambulaban por el patio tras el paripé de misa que habían oído.

Tras el rápido   desayuno tuvimos que hacernos cargo de los niños, ni Bernard, ni el director de estudios Rivolala se dejaron ver por allí. Le tocó a Pablo  y algún voluntarioso profesor montar los equipos de Ambohidaht, y por fin  y con  un poco de  retraso empezó todo aquello. Nuestra querida Hortensia, la monja que venía a cargo de los niños de Ambohimiarina, le quitaba hierro al asunto, nosotros no dábamos crédito.

Poco a poco la mañana pasaba y los cabreos se iban dejando atrás viendo la alegría de los niños  vestidos del Real Madrid del Barça, de la Juve, de la Selección Española… les gustaba abrazarse en cada gol. Verse vestidos igual  les daba la sensación de pertenencia a un  grupo, de formar parte  de algo, les obligamos a saludarse todos a todos antes y después del partido y corriendo se quitaban las camisetas para dejárselas a los que venían después a jugar su partido.  Fue bonito.

Mas tarde supimos que la culpa de la borrachera matutina del padre Bernard había sido culpa mía. Me explico. Resulta que yo siempre viajo con una botella de whisky   de la que voy dando cuenta a lo largo de los días  a base de chupitos después de cenar con la gente de mi alrededor, pero a esas alturas del viaje la botella estaba prácticamente llena y como los días anteriores ya había tenido algún desencuentros con Bernard  traté de limar asperezas invitándole a un chupito. Tanto le gustó que me pidió mas y vacié un poco de mi  botella   en una de plástico pensando que daría cuenta del whisky a lo largo del tiempo. No fue así, se lo bebió de golpe y ya puestos en faena se bebió cuanto encontró a mano. A las dos  de la tarde aun estaba borracho trastabillándose al andar y deambulando sin sentido.

Mientras se desarrollaban los partidos entre los niños se acercaron un par de representantes de los poblados que habíamos visitado y que  habían sido convocados  por Pedro –aquel malgache que hablaba español y que a punto había estado en ser el primer religioso trinitario- para  pedirnos alguna cosa. Pablo no pudo asistir y es que tenía que seguir con la organización que junto con un par de profesores del colegio donde habíamos dejado el material estaban colaborando y bien.

Nos llamaron  al comedor. Allí estaban  Pedro, los representantes de los de padres, Hortensia la monja ya mencionada y alguna persona más que no recuerdo.  Nos iban a trasladar sus peticiones de acuerdo con lo que les habíamos dicho en sus pueblos. Pero la reunión no podía empezar sin Bernard, tuvimos que esperar a que se dignara venir, casi no se tenía en pie.


 Con apuestas
Las peticiones eran claras, habían un montón de niños que no podían ir a la escuela por falta de dinero, los padres solo podían mandar a la mitad y además había también unos cuantos que acabada la primaria no se podían trasladar a internados por lo mismo. Lo que pedían era instaurar unas becas, unos padrinazgos que harían que pudieran estudiar  mas niños y llegar mas lejos, quien sabe si al instituto.

Les pregunté que quien sería el encargado de administrar esos fondos, la respuesta ya la sabía: el párroco  Bernard. Les pregunté que si de verdad creían que Bernard estaba capacitado para ser el responsable de los fondos que llegaran de España después del espectáculo que estaba dando durante todo el día. Que si pensaban que alguien confiaría dinero a tremendo personaje.

¡¡¡ y sin juguetes ¡¡¡
Pedro no quería traducir y le presione para que lo hiciera con toda la dureza de mis palabras. Bernard  al oír la traducción respingó y empezó a enterarse de que iba aquello. Le pidieron que no alzara la voz, luego supe que estaba diciendo que nadie iba a decirle a él cómo debía comportarse en su casa.

La reunión acabó, mas tarde  los representantes, Hortensia y el propio Pedro  nos pidieron disculpas por el comportamiento del mamarracho y que no tuviéramos en cuenta sus palabras.  Les dije que haría llegar sus peticiones a la dirección de Prolibertas pero que tampoco escondería la realidad de lo allí visto.  En realidad se lo contaba a todo el mundo, lo conté mas tarde, cuando ya me volvía a España en el palacio episcopal de la capital a un par de obispos malgaches que allí había y que reían condescendientes  ante lo oído, no les extrañaba nada. Era, me dijeron un reflejo de la sociedad de Madagascar.

No volví a ver al mamarracho.

Tuve la suerte de que el padre Felipe Bustinza apareció por Tsiroanomandidy al que conté mis impresiones de Bernard a las que prestó la atención  adecuada y  me aseguró que  lo plantearía en la próxima reunión  adecuada.

Bustinza es  un trinitario vasco de ochenta y pico años,  grande, robusto,  seco en el trato, como si estuviera marcando distancias, distancias que a los pocos días se habían disipado. Me gustó desde el principio,  se había dejado en Madagascar mas de sesenta años, era  otro trinitario  embarcado en  sembrar esperanza e ilusión a base de  escuelas, de enseñar a cultivar la tierra , a crear huertos. Estaba en Tsiroanomandidy para recibir a unos oftalmólogos cordobeses.  José Hdez.  y él mismo  les habían comprometido para que un par de veces al año fueran por allí y hacer cuantas   operaciones fueran posibles. José Antonio  antiguo trinitario que colgó los hábitos financió la construcción de una  pequeña clínica para tal fin.

Pero no es tan fácil ayudar desinteresadamente, los médicos malgaches  que ejercían como oftalmólogos  no estaban interesados en que  alguien les quitara el negocio  y es que, si había médicos europeos que hacían aquellas operaciones  gratis para que pagar por ellas.  Para aplacar todo aquello explicaban  que solo hacían intervenciones a las personas pobres de solemnidad y que de ninguna manera habrían acudido a otros médicos que los europeos por la sencilla razón de que  no tenían dinero,  además les enseñaban cómo trabajaban y les dejaban pequeño material para su uso. De todos modos no era fácil.

El doctor J. Manuel Laborda de la clínica Arruzafa de Córdoba  se había desplazado hasta allí y estar  apenas tres días –menuda paliza- para ver las  instalaciones, llevar material y comprar  lo que no era transportable según pude ver y así, meses después aparecer con un par de compañeros y otras tantas enfermeras y a doce horas diarias durante tres días solucionarle la vista a mas de un pobre hombre. Encomiable lo de esta gente, gastan sus vacaciones, su dinero, su salud…   mi mas  sincero respeto.
Antes de los arreglos

Me hice invitar por el padre Bustinza  lo que me quedaba de estancia en Madagascar allá donde él estaba, en otra zona del país, exactamente en Fianarantsoa. Así que el día que los oftalmólogos volvían a España,  Pablo y yo nos fuimos a Antananarivo y tras un par de días en la capital, él volvía a España y  yo me iba con Bustinza y una chica por nombre Mari Carmen que llegaba en el avión en el que Pablo se iba.

Durante esos dos en la capital, visitamos un zoo en el que pudimos ver un montón de lémures que para eso es el  país del que proceden y que en tantas películas de  dibujos animados salen. La capital es fea a más no poder, se pueden ver unos cuantos edificios que en su día debieron ser majestuosos, pero hoy día están ajados por completo. Lo más interesante fue ver los miles de coches Citroën “dos caballos” y Renault “cuatro” que en los sesenta inundaban las carreteras españolas. Los usan de taxis. Los hay a miles. De buena gana me habría traído más de uno, apenas valían trescientos euros.

Dos días después  el Padre Bustinza, la tal Mari Carmen, el  sacerdote trinitario malgache  Cipriano (mano derecha del octogenario Bustinza) y el menda lerenda junto con el constructor que había hecho la clínica y una escuela que Bustinza estaba haciendo salimos para Fianarantsoa a la que llegamos seis horas después. Se iniciaba otra etapa del viaje.

Sopicaldo
Me toco dormir en el zaguán que se originaba en el hueco de la escalera un par de días,  en lo que parecía ser un almacén de cosas inservibles y  por los ruidos de fondo que se oían acompañado de algún que otro roedor.

Mi suerte cambió  gracias a las monjitas colindantes  que tenían una casa muy agradable y una habitación para invitados con salida autónoma a la calle. Pude dormir como un señor, a partir del día en que se quedó vacía  la habitación, que fue el tercero.

 Me pasó como cuando llegamos a Tsiroanomandidy, lo quería ver todo y rápido, la nueva escuela que se estaba haciendo, la casa huerto en la que los trinitarios tenían a unos cuantos presos que se reinsertaban cultivando diversos productos de huerta en connivencia con las autoridades, la propia cárcel en la que intervenían activamente los trinitarios y las monjitas que me dejaban dormir en su casa.


El trono
Es momento para decir que la orden trinitaria desde sus orígenes, allá por el siglo XV, ha estado  muy implicada en temas de prisiones: allá donde vayan casi con seguridad el trema carcelario lo llevan ellos, y  que como orden mendicante que eran, y son, fueron los que lograron reunir suficiente dinero para rescatar a Cervantes de Argel cuando fue hecho preso tras la batalla de Lepanto. Después de aquello escribió El Quijote, algo les debemos creo yo.


La cárcel de la ciudad era pequeña, y estaba masificada como pasa con todas, el caso es que había módulos para adultos, para mujeres y para menores. Éstos últimos eran gemelos, pero el patio de las mujeres lo habían adecentado con adoquines de modo que cuando llovía el agua iba camino de la acequia cercana sin problemas, sin embargo el de los menores era de tierra y por mas que trataban de mantenerlo limpio cuando llueve -y es que allí cuando  llueve lo hace de verdad- arrastra tierra lodando los conductos manteniéndose el agua como si de una piscina se tratara lo que suponía que, si los chavales querían comer, tenían que cruzar el patio y mojarse hasta los tobillos durante varios días, y es que los medios que la penitenciaría tiene son exactamente cero , de hecho solo tenían por única comida al día un sopicaldo o un plato de arroz con algún trozo de carne si tenían suerte. Los trinitarios suministraban  a los menores y las mujeres una segunda  comida.


El patio acabado
Mi primer contacto con la cárcel fue el domingo en la misa que Cipriano dio.  Allí se juntaban para la ocasión todos, adultos, mujeres y jóvenes. La misa se daba en malgache luego no me enteré de nada pero sí de los cánticos en los que se esmeraban los presos. Fui el foco de sus miradas durante toda la ceremonia pero también a mi me dio tiempo a  ver sus rostros duros, secos, enjutos, al final me tocó decir  unas palabras en las que les deseé suerte para el futuro.  Tuve clara mi aportación a esa zona, copiaría el formato del patio de las mujeres para que los menores no andaran la mitad de los días del año con los pies mojados.


Con trescientos euros que costaron los adoquines y el  cemento  quedó un patio digno. Aquella gente no sabia francés –yo solo lo chapurreo- pero nos entendíamos razonablemente bien y cada vez que iba por allí casi me subían a hombros. La directora – era la única de todo el país- me regaló como agradecimiento una mantelería.

La peluqueria
Hay que decir que para entonces Mari Carmen ya había dejado ver de lo que sería capaz, estaba allí porque conocía a alguien que a su vez conocía al padre José Hdez y decidió arreglar el mundo empezando por Madagascar y como suele ocurrir en estos casos, huyendo de alguna situación personal.  No hablaba nada de francés y sin embargo pensaba estar allí seis meses.  Haciendo que?  Pues resulta que ella era jardinera y trabajaría en lo que tuviera que ver pero donde?, cómo?

 La salida normal dadas sus características era irse al huerto que tienen los curas con los presos en fase de rehabilitación, pero me dice que ella no se ve allí y es que no hay las herramientas que usa en Europa, ni las comodidades mínimas para trabajar. Pues qué pensabas que son las colaboraciones le digo yo, aquí tienes gente a la que enseñar y tiempo para hacerlo. Ella no lo ve nada claro.

Al padre Felipe le salió una ulcera. Se le veía preocupado a cada momento hasta que me confesó la razón de su pesar: qué hacer con aquella señora durante tanto tiempo.

 Pasé varios días al lado de Cipriano o Bustinza yendo de un lado para otro. Los trinitarios por mano de Bustinza tienen allí una pequeña escuela muy agradable para los niños de primaria que   sueña, como no, con ampliarla  con una  secundaria en unos años, lo que no se yo  es si no pasará como en Tsiroanomandidy  que  cuando los europeos se marchen aquello se deteriore de mala manera. Compré material escolar y deportivo para la escuelita , ya no me quedaba nada y lo repartí entre los niños ante la presencia de los profesores. Como dirían los cursis de las Ong´s que salen por  televisión cambié  dinero por  sonrisas  y es verdad que no te  cansas de ver las caras  de  los niños cuando reciben cualquier juguete, por módico que sea

Fianarantsoa está en plena ebullición y es una obra continua, tiene una zona antigua rehabilitada hace pocos años por proyectos europeos de colaboración  a la que ya se le ven los andrajos y que tiene un paseo, pero una vez hecho éste no merece la pena quedarse allí salvo si tienes algo que hacer, así que como ya se  había  puesto en marcha el tema del patio carcelario le comenté a Bustinza que me iría en uno de los trenes más pintorescos de África y que sale  de la ciudad hasta  Manakara, en la costa este del país. Me ausentaría tres días, iría en tren y regresaría en bus, cuando lo comenté  en la comida se subieron al carro el padre Cipriano con el permiso  de Bustinza y  Mari Carmen que a esas alturas de la película se había convertido en mi sombra y que empezaba a sopesar  volverse a España viendo que allí las cosas no sucedían como esperaba.   

El viaje en tren promete, son ocho horas  entre paisajes preciosos. En algunas guías de viajes en tren por el mundo sale como uno de los más pintorescos. De hecho meses después vi en el suplemento viajeros de El País un reportaje acerca de aquel tren, que gustazo pensar, ese tren lo cogí yo. Es la única red ferroviaria de todo el país y los vagones y las maquinas son de los años treinta, de madera, con bancos corridos y con primera y segunda clase. Vamos en primera que vale el doble, a los blancos no se les vende segunda clase. Los vagones de segunda son exactamente iguales , solo que se  venden billetes mientras haya gente  para viajar, es decir  no se respeta el número de asientos previstos y la gente va  como ganado según vimos, poco menos que a granel.

¡¡¡Cómo lo ves ¡¡¡
Como la maquina es antiquísima, se estropea cada poco tiempo y no es nada claro que salgan los días previstos. De hecho el viaje que vamos a empezar lo hace con tres horas de retraso y es el primero después de varios meses parado por reparaciones por lo que si va lleno en primera clase imagínate en segunda.

 Lo que se ve a través del tren soy incapaz  de describirlo, la frondosidad del paisaje te deja boquiabierto, la exuberancia selvática que se ve desde la atalaya que es el tren y que como un regalo se abre ante tus ojos es brutal, la gama de verdes es infinita  y los barrancos que amenazan al tren espeluznantes. Además una de las frutas que tanto comimos, los lichis, que son rojos y  que en esta época  están en su apogeo sobresalen en racimos de entre las ramas del gigantesco árbol que los ofrece dando  una nota de color entre tanto verde.

Pero si los paisajes que ofrecen son de dejarte con la boca abierta no lo son menos las gentes que hay en cada parada. Como ha estado parado durante tiempo y las pequeñas aldeas solo se comunican  por el tren hay que parar en cada una de ellas para bajar mercancías y subir  todo tipo de fruta camino de los mercados de la costa lo que  nos da tiempo para mezclarnos con la gente que curiosea  la llegada  del tren.

Arboles de lichis
El viaje previsto de ocho horas se fue a más del doble, llegamos a la una y media de la mañana y sin  embargo de  ninguna manera se me hizo duro. Incluso cuando llegó la noche tuvimos la suerte de que  nos acompañara una luna llena poderosa.

Si alguna vas por Madagascar y estás por esa zona no dejes de subirte a este maravilloso  tren, que siga rodando ya no lo tengo tan claro.

Nos esperaban unas monjitas encantadoras de la congregación trinitarias de Valençe  en cuya casa dormimos. Son  Agustina, Raquel y Lucia  y me dan recuerdos y un pequeño paquete para llevarlos a España a compañeras suyas de Alcázar de San Juan.

La bofetada que me llevé cuando vi lo que hacían todavía me duele.

Estaba atada y sonreia
Eran las encargadas de llevar el único “sanatorio mental”  de la zona, un cochambroso edificio en el que se hacinaban en el suelo, entre mantas sucias  de orines a juzgar por el olor,  hombres y mujeres de todas las edades,  algunos con medicación para bajarles la agresividad y otros atados ante su reincidencia en peleas con otros internos. Las monjas junto  con un par de Ong´s italianas   atendían como podían aquello inventándose juegos y actividades tratando de que aquellas pobres gentes  pasaran el día lo mas dignamente posible. Pasé  allí la mañana jugando un poco con ellos preguntándome  del porqué de su suerte. Si, ya se que en España se utilizan métodos parecidos, pero os aseguro que no es lo mismo.

Por la tarde paseamos Manakara, es bonita pero con un barniz de tristeza que la rodea y engulle, se parece mucho a los países tropicales de Iberoamérica, solo que sin  la vitalidad, ni la alegría, ni el vocerío que reina en las calles de aquellos países a pesar de que seguramente sea la misma pobreza. No se, parecía como que ese emplazamiento, esa vegetación, mereciera  mas  alegría.

De vuelta a Fianarantsoa paramos para pasear  un par de horas por el parque de Ranomafana que pillaba  de paso,  ahora veía a pie lo que había visto desde el tren, alucinas con la majestuosidad de los arboles, su altura y su frondosidad. Como no soy botánico, ni biólogo ni cosas parecidas los di por vistos todos.  Ver   los paisajes, los hábitats los animales que se ven en los documentales no están al alcance de un particular, se necesita una expedición de varios días andando en la selva, de otro lado Madagascar ofrece poco al turismo que no sean los parques naturales. En el norte hay unos cuantos complejos hoteleros para europeos que se parecen como una gota de agua a otra a los de España.


Manakara
Apenas me quedaban unos días  para volver,  los  gasté en dar un repaso  a la cárcel y sus inquilinos y  ver el resultado de las obras, por las fotos lo podéis ver.  Paseé una vez mas la sucia ciudad que es Fianarantsoa y  volví a comer unos estupendos pinchitos morunos que había localizado tiempo atrás cuando decidí que no iba a comer mas el insípido arroz  en que consistía esencialmente la dieta diaria y es que en mas de una ocasión  mientras Bustinza se echaba a la siesta yo me iba a comer mis pinchos morunos.

En estos días  he estado en casas particulares de la mano de Bustinza  en la que dice una  misa privada, me ha tocado decir unas palabras en la misa de domingo en la cárcel y recibir un aplauso por el patio conseguido, tanta simpatía desplegada me ha obligado a comprar unas mantelerías a las presas, al final cargo con cuatro, mientras prometo a la directora de la prisión que volveré, sabiendo   que  no   cumpliré mi promesa.

Ya en Tananarivo, sigue igual de fea, compro veinte kilos de lichis que me llevo a España. Viene conmigo  M. Carmen que está tratando de volverse, luego supe que lo hizo, y espero a que pasen las horas hasta subirme al avión. 

Tenia la dulce sensación del deber cumplido, de que lo que había ido a hacer en Madagascar lo había hecho con creces. Quiero pensar que  mi presencia allí, y la de Pablo, sirvieron  para llevar ilusión a algunos niños, posibilidades de futuro a otros y un poco de comodidad a otros cuantos  privados de libertad. 

Qué me traje yo a cambio?, pues unos bichitos por nombre Schistosoma  Mansoni que en el baño  que nos dimos los  primeros días, el doctor Bruno, Pablo y yo  se alojaron en nuestro cuerpo. Resulta que tal gusano microscópico, en su ciclo vital pasa de los moluscos al agua en busca de mamíferos  a los que atraviesan la piel partiéndose en dos y   hospedarse en ellos hasta que treinta y tantos días después, vía heces, sale en forma de larvas que buscan a los moluscos de los que salieron  y vuelta a empezar.

Los jodios bichitos
 
Yo fui el primero que entró en el agua y el último que salió lo que supuso que durante las  navidades siguientes yo también tuviera un ciclo, un ciclo  diarreico vital : del sofá al baño y del baño al sofá y de nuevo al baño. Después de pasar por un par de hospitales que afirmaron que lo que tenia  era un principio de bronquitis  acabé en el hospital  de medicina  tropical en Madrid, junto con  Pablo, hasta que pasamos lo más peligroso. Perdí unos cuantos kilos, en palabras de mis amigos solo tenía orejas y nariz. Estuve durante varios meses sin poder beber una copa de cerveza, cada vez que lo hacía me volvía a subir y bajar la fiebre si orden ni control.

Eso te pasa por ir a esos sitios, me espetaron  a la cara mas de uno. Sin embargo yo repetiría paso por paso cada uno de los actos que hicimos y es que a mí el viaje me devolvió  con creces cuanto yo le había dado.

Además de las experiencias  personales al conocer a unos y otros y visitar sitios lejanos  y  distintos a los habituales el  viaje me había servido para mucho mas, me  había servido para  recordar la importancia de relativizar los problemas a los que nos enfrentamos habitualmente en la comodidad que supone vivir en  España, a procurar elegir la opción buena  entre las que se nos ofrecen cada día,  a   saber  valorar las cosas pequeñas, a querer a tus amigos y tratar de  merecer ser querido por ellos.  Cuando viajas por las miserias  no merecidas por las gentes que las sufren es más fácil,  ya de vuelta a casa, ser feliz.

 

 

Puerto Rosario a cinco de abril de 2014.

 

Por si quieres leer relatos de otros viajes ahí van los blog:

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