MI VIAJE POR MADAGASCAR
Hace tiempo me dispuse a
escribir algunas páginas, recuerdos acerca de los viajes que fuera haciendo,
eran ante todo notas que me sirvieran para años después recordar cada uno de
ellos. Un amigo me sugirió que los
hiciera públicos y así pudieran utilizarse por la gente que fuera a viajar por
los mismos sitios. Era justo, yo también me aprovechaba de los relatos que
otros escribían. Sin embargo éste era un viaje
distinto, íbamos a montar una
pequeña escuela en Tsiroanomandidy, una
ciudad de tamaño medio en Madagascar. Es mas el relato de una experiencia personal
que un relato que sirva a otros viajeros. Pero ahí va. Abajo te dejo relación
de los blog donde puedes encontrar referencia a otros viajes
Todo empezó cuando conocí, años atrás, a Basilio Vallejo, un
sacerdote trinitario que estaba de paso
por Córdoba y que era misionero en aquel país.
| Estampa habitual |
Os diré que las dos horas que
estuve con él fueron suficientes para sentir algo de lo que había leído en mas de una ocasión, hablo de la fuerza de atracción que unas personas
pueden ejercer sobre otras. Eso sentí yo, atracción hacia aquella persona. Sentí el
significado profundo de la palabra carisma. Sin él buscarlo, allá por donde
pasaba, luego lo supe, dejaba
huella en cuantos le conocían. Le hablé
de mis colaboraciones pasadas con Prolibertas (www.prolibertas.org) y me animó
a colaborar en la zona de Madagascar en la que él se movía, es decir en
Maintirano frente al mar, en el canal de Mozambique, me dijo que si encontraba
financiación podíamos hacer un pozo de agua y una pequeña escuela, lo demás
vendría por añadido y así ir construyendo futuro. Le dije que no
me comprometía a nada pero que lo intentaría. A mi regreso a Lanzarote hablé
con un par de empresarios y se comprometieron a juntar veinte mil euros que es
lo que costaba todo aquello.
Fue un palo muy gordo saber
que Basilio Vallejo a los cuarenta y
cinco años moría como consecuencia de un ictus cerebral fulminante.
El proyecto acabó sin haber empezado,
la muerte de Basilio hizo que me olvidara de todo aquello y tiempo después
cuando lo quise recuperar los
empresarios, con la excusa de la crisis, se echaron atrás.
Recuperé la idea años después en el 2012. Hablé con Prolibertas y con el responsable
de los padres trinitarios en Madagascar el que fuera superior general de la orden el padre
José
Hernández durante un encuentro en Madrid. Fue fácil convencerme de la
necesidad de seguir abriendo pequeñas escuelas que van formando a los niños.
Sea como sea embauqué a unos
amigos con unas cartas de solicitud de ayuda y entre todos conseguimos el
dinero para empezar. Gracias pues a, Sergio Regulez, Toño Morales, Esteban
Garijo, Emilio Romero, Jaime Lleó, Jaime Ruiz, José de la Cigoña, Manolo Viera
, J. María Puig , Gelo Rodríguez, Mayte Ciudad Real , Audelino Castrillejo, Jesús
Gª Sicilia , Nacho Rivero, Claudina Morales, Cesar Zarza, David Arévalo,
Eduardo Pereira, Manuel Poyato, Inmaculada Saavedra, Benigno Veiga, y mi novia Rosa
Aranda
| Aldea tipica |
Con el dinero conseguido se
hizo un primer envío de siete mil euros. El resto, unos dos mil, los llevaríamos
en mano para allí gastar en lo que creyéramos conveniente. Me acompañaba mi
sobrino Pablo al que embarqué en la aventura tras hablarle de viajes pasados y para el que
estaba mas que predispuesto. El viaje comenzó el trece de noviembre del 2012 él estuvo tres
semanas yo volví diez días mas tarde.
Llevábamos con nosotros el
dinero que nos quedó tras comprar
cuantas cosas nos dijeron les vendría bien a los niños y que allí no había o eran mas caros. Al final íbamos
cada uno con dos maletones de veintitrés kilos (el máximo permitido en air
France) con equipaciones de futbol,
balones de todo tipo y tamaño, material escolar.
También llevábamos medicinas que nos
dieron farmacias de amigos a los que igualmente gané para la causa y que no
menciono tal y como me pidieron dado que
eran medicamentos procedentes del
programa SIGRE y no les estaba permitido de ninguna manera donarlas.
Así que de Madrid a Paris y de allí a
Madagascar tras diez horas de viaje,
menos mal que la tan temida salida por aduanas
con los maletones cargados de medicinas, material escolar y
deportivo fue más fácil de lo
previsto y así en un pis pas nos vimos
fuera. Allí estaba Víctor, el nuevo responsable de la casa trinitaria, esperándonos, era tal su inseguridad para con
nosotros que hizo ir con él a Julián Cadenas, otro trinitario
español, ya hablare de él, con mas de treinta años en el país.
No había tiempo para mas,
llegamos a la parroquia que los trinitarios tienen en la capital donde nos alojamos hasta que al día siguiente
y tras casi cuatro horas de viaje
llegamos a la que sería nuestra casa
durante quince días en
Tsiroanomandidy.
TSIROANOMANDIDY
La casa parroquial trinitaria, el edificio en si,
no estaba mal, es solo que lo del
mantenimiento no va con ellos, va en el
ADN africano. Las habitaciones
estaban un poco abandonadas, eso sí con baño lo cual es un lujo, que de las tuberías saliera agua era otro tema, debías andar listo y tener
lleno un cubo de agua para ducharte a la africana, es decir echarte agua por
encima con un bote, enjabonarte y enjuagarte con mas agua si aun te queda.
Evidentemente no queríamos
entorpecer la vida de los sacerdotes por lo que las siete de la mañana nos levantábamos
a desayunar y después de las consabidas
oraciones y el agradecimiento a Dios por
los alimentos, -hacían bien en agradecérselo, comían mejor que todos sus
feligreses- nos sentábamos a desayunar, que
siempre consistía en un arroz blanco seco del que se servían varios
platos y fruta –nos inflamos a mangos-
un nescafé y alguna cosa mas.
| Entre alumnos |
Acabado el desayuno del
primer día nos fuimos a dar una vuelta y
familiarizarnos con la ciudad. La ciudad se había constituido a lo largo de una
calle de varios km y tres o cuatro calles
más que cruzaban a la principal. Supimos mas tarde que en origen toda aquella
zona habían sido tierras vírgenes que se habían ido entregando a quienes allí
se asentaran lo que había supuesto un crecimiento rápido y sin control. Por no haber no había ni saneamiento para las aguas fecales. La parte
delantera de las casas se barría pero por detrás de las mismas se tiraba sin control
todo tipo de basuras. De hecho en algunas zonas del país, según he leído en
alguna guía, no está bien visto que el
lavabo o las letrinas se encuentren bajo
el mismo techo que el que se duerme, aunque las autoridades tratan de revertir esa situación.
Íbamos caminando y tomando conciencia de
nuestra situación y de cómo habían cambiado las cosas desde que nació la
idea de hacer la escuela. El caso es que José Hdez, nuestro hombre en
Madagascar al que habíamos enviado los siete mil euros e íbamos a pedir cuentas
de la inversión, ya no estaba allí. Según supimos más tarde, o mejor según
intuimos, desavenencias con el obispo de
Tsiroanomandidy, antiguo trinitario, habían provocando su salida precipitada del país. Para suplirle se nombró o a otro sacerdote,
esta vez malgache, el ya mencionado Víctor y al que desde el primer momento
vimos que el cargo le venía grande, no
sé si porque eran sus primeros días al mando de todo aquello pero se le veía
distante, temeroso de hablar con nosotros por si metía la pata, aun no se le
reconocía autoridad por parte de sus
compañeros y eso le hacía estar huidizo. En realidad lo que quería de nosotros
era que no le diéramos la lata.
| Encantadoras |
Creo que hay que explicar un poco cómo
funcionan las cosas por allí para entender cuanto sucede y es que si bien al principio eran misioneros trinitarios españoles
quienes llevaban el peso de toda
la organización la cosa va cambiando. De los
pocos religiosos españoles que allí
quedan, casi todos superan los ochenta años, y como la necesidad
obliga se va dando paso a la gente del lugar. Tampoco parece que ninguno de los
jóvenes que aun tienen vocación
religiosa en España esté dispuesto a dejar las comodidades de las que disfrutan
para irse al otro lado del mundo.
Como digo, se iba dando responsabilidad a la comunidad religiosa
aborigen, lo que en sí mismo es perfecto. Lo que no tengo nada claro es si la formación con la que llegaban
a sacerdotes era la adecuada, ante más de uno de ellos tuve
la íntima convicción de que se habían
hecho sacerdotes no de un modo
vocacional sino como medio de vida: eran sacerdotes como podían haber sido
fontaneros. A mi entender se han
ordenado a muchos malgaches como
sacerdotes precipitadamente. No sé si
por la falta de misioneros españoles o por ir dando bola a los aborígenes, pero
salvo muy honrosas excepciones a la reflexión aquí hecha, la sensación que me traje del conjunto de los
curas malgaches no fue positiva. Ya me jode, pero es así.
Dicho lo anterior y antes de seguir con el relato hay que decir
que la inmensa mayoría de las
inversiones hechas por los trinitarios se habían realizado
de un modo personalista salvo
excepciones. Prolibertas en Madagascar,
entre otras cosas había promovido una
institución en la que se recogían a
discapacitados mentales a los que se trataba de encauzar mínimamente para la
sociedad, todo ello bajo los auspicios de una señora francesa que se había
instalado allí desde hacía veinte años. Pero lo normal era que cada religioso allí residente consiguiera
dinero en España de ayuntamientos, parroquias o de particulares que confiaban
plenamente en él y su buen criterio y lo gastaba en cuanto creía necesario.
| Repartiendo camisas |
Así se
habían montado por los trinitarios casi sesenta escuelas y mas de un internado
en los mas de setenta años que ya dura su presencia allí. Vimos
también, al lado de la casa
trinitaria, una residencia en la que vivían ancianos abandonados por sus
familias y es que a las
personas mayores se las esconde, lo he visto en toda África, vas por la calle y
no ves a ancianos, están poco menos que tirados en la parte de atrás de las
casa, algunos incluso abandonados a su suerte como los que allí vivían. Les dejamos una camisa a cada uno de
ellos aunque nos dijeron que muy posiblemente acabaran vendiéndolas dada su
calidad.
Prolibertas, por cuya mediación habíamos gestionado nuestro dinero
enviándolo a José Hdez, quería cambiar ese modo personalista de trabajar y acomodarlo a los tiempos actuales con un
control exhaustivo de los gastos exigiendo justificantes de cuanto allí se
enviaba incluso en casos como éste en el
que la persona ante quien tenía que
rendir cuentas era yo mismo. Era tal su insistencia en la justificación de las
obras que a veces pensé si no les servía a su vez para justificar ante otros entes la misma inversión.
Con la fuerza de los
europeos cuando van a África queríamos empezar a trabajar desde el primer momento así que pasados un par
de días y sin mas preámbulos le
preguntamos al nuevo responsable de la comunidad : - Víctor, cuando podríamos ver la escuela que se hizo con el dinero que mandamos?, a lo que
respondió : - que escuela ?.
Nos quedamos de piedra. Ni
él ni nadie sabía nada de nada, el dinero lo había gestionado José Hdez a su buen criterio y solo él conocía qué se había hecho con el mismo.
Las dudas estaban sembradas.
¿Donde
habían ido a parar los siete mil euros?
| Preciosas |
Ya teníamos una misión
que hacer mientras disfrutábamos de Madagascar: saber donde había ido a parar el
dinero y cumplir
con el mandato que me habían dado desde
España: “sé nuestros ojos y tráete proyectos posibles a realizar, pero de acuerdo con nuestros cánones, es decir
controlables, contrastables, necesarios para la comunidad y factibles”.
Puestos en contacto con
Madrid vía e-mail nos dijeron que era imprescindible llevarnos las facturas
originales de las obras realizadas, pero, a quién se las pedíamos? Nadie sabía
nada. Buscamos a Julián Cadenas para que nos hiciera de intérprete y así evitar posibles malentendidos y exigiera de parte de Madrid las facturas de
marras.
Julián Cadenas pasaba por una situación personal extraña. Llegó a Madagascar hacia más de seis
lustros junto con el obispo Gustavo y
era un misionero mas entre tantos religiosos europeos que allí llegan con la
inocencia y buena voluntad de los treinta años, pero éste no volvió a la
comodidad de España sino que se partió el cobre entre tanta miseria. En el camino fue haciendo cosas cada vez más
grandes y en la actualidad está dentro de la orden después de estar con pie y
medio fuera. Según nos dijeron –él no-
le promovieron un expediente por negarse
a obedecer a sus superiores y es que éstos siguiendo indicaciones del
gobierno le instaron a que cesara en sus actividades sociales, que eran muchas
e importantes, hasta el punto de molestar a las autoridades ya que le consideraban sospechoso de ayudar a la oposición, tal fue
el jaleo que se montó que tuvo que abandonar sus actividades durante un tiempo
ante las amenazas recibidas y salir por pies en más de una ocasión.
Esa desobediencia casi le cuesta la expulsión de la orden trinitaria
hasta que desde Roma, visto el expediente mandaron a hacer puñetas a la curia
malgache. Hoy es un outsider de la orden y aunque depende jerárquicamente de
los trinitarios sus obras sociales van por libre. Con su fuerza y aptitudes realiza bastantes cosas, gracias a sus propios benefactores de España, y de los
conciertos benéficos que hace con
los cantantes de moda de Madagascar.
Tanta relevancia social le había llevado a los problemas antes descritos.
Pues bien, con Julián Cadenas de interprete
pedimos por enésima vez las facturas correspondientes al dinero enviado a lo que nos contestaron que si bien
no sabían dónde estaban si que existía la escuelita en cuestión y que la veríamos
en los próximos días.
Por fin se arrojaba algo de luz. Mientras
tanto le enviamos vía e-mail a José Hdez que en esos momentos estaba en su nuevo
destino, Corea, un requerimiento de información a fin de saber si nos podía
explicar donde coño había puesto el
dinero.
| Estado de las escuelas |
Mientras todo esto se cocía conocimos a bastante gente, nos dimos de
bruces con Cesar y Jorge,
estaban alojados en el obispado y trataban de poner en marcha una casa para
mujeres-niñas maltratadas en las afueras
de la ciudad y estaban un poco desmoralizados porque siempre había algo que no funcionaba dada la
sempiterna dejadez de los africanos en cuanto al no cumplimiento de los
compromisos adquiridos. Nos veríamos muchas veces con ellos.
Es el momento de presentar
al obispo al que conocimos tres días mas tarde y es que el “Ángel Volador” sobrenombre con el que se
conocía al obispo Gustavo había sido
trinitario (compañero mío con doce años en el seminario de Alcázar de San
Juan – donde llegan unos y donde
llegamos otros-) y tuvo la suerte de estar en el momento adecuado en el sitio
adecuado.
El Vaticano había dividido administrativamente
años atrás la isla y necesitaba un obispo para la diócesis montada. Se pidió a
los superiores generales de las órdenes religiosas allí asentadas que dieran
una terna de futuribles obispos. Fue el padre José Hernández, máximo
responsable de los trinitarios a nivel mundial en aquel momento, quien lo promovió para el cargo al que accedió mas tarde. Según
nos contaron unos y otros el nombramiento lo cambió radicalmente, había
cambiado decían, las sandalias por los mocasines, la tierra apelmazada de las
aldeas por los mármoles de su residencia. El Ángel Volador ya no pasaba por las
aldeas, ya no visitaba sus parroquias. El Ángel volador repartía su tiempo entre
España a la que iba dos o tres veces al año con estancias de un mes, Roma,
donde me contaron mas tarde, lo vieron en plenas navidades y la capital malgache en la que pasaba el resto del tiempo
haciendo política de pasillos. Con esas prácticas poca fuerza podía hacer el
escrito presentado por numerosos sacerdotes de él dependientes quejándose al nuncio apostólico de la dejadez
de sus funciones religiosas.
Como habíamos llevado un
maletón repleto de medicinas siguiendo
las indicaciones de Miguel y Marion, unos voluntariosos españoles
que pasaron seis meses en Tsiroanomandidy meses atrás, buscamos a Bruno, el médico francés que
vivía con su amigo Alen y al que iban destinadas dichas medicinas. Desde hacía
unos años se había asentado en la zona y pasaba consulta gratis tres días a la
semana en los pequeños pueblos que rodeaban a la ciudad. No sabíamos lo que las farmacias
colaboradoras nos habían dado así que se la dimos sin más, días después cuando lo volvimos a
ver nos lo agradeció con lágrimas en los
ojos de contento que estaba.
| felicidad |
Bruno había llegado a
Madagascar de la mano de los trinitarios y había vivido en la misma parroquia
en la que vivíamos nosotros ahora durante casi un año, hasta que distintas
razones habían hecho que se fuera y alquilara un piso con su amigo Alen. Entre
los dos habían montado una organización llamada
Tobi y a la que iban cada tarde
distintos alumnos para clases extraescolares. En el local que utilizaban había
una pequeña biblioteca y un espacio en el que se daba francés e inglés, karate
y un montón de actividades que lucían en
un panel explicativo con los horarios. Iba muy bien para el poco tiempo que
llevaba funcionando.
Su sueño estaba atascado, había empeñado su
dinero y el de las donaciones de sus amigos en un edificio en el que agrupar
todas sus actividades, tanto las médicas como las de enseñanza, pero no le
llegaba. Tenía que hacer un esfuerzo mas entre su gente de Francia,
nosotros como estuvimos mucho tiempo por
el local y vimos que aquello merecía la pena aportamos trescientos euros de
nuestro bolsillo para la causa.
Gracias a Bruno supimos de
las ceremonias “Famadihana”. Nos señaló algunas pequeñas edificaciones que se
veían en las colinas, eran pequeños cementerios
familiares. La ceremonia consiste en que cada siete años los familiares de los allí enterrados, desentierran los cuerpos, los limpian
cuidadosamente con perfumes y los entierran de nuevo envueltos en pañuelos
blancos después de haberlos paseado entre sus parientes y tras
las pertinentes oraciones, constituyendo
todo ello una fiesta familiar que los adultos aprovechan para
emborracharse, digo yo que no lo harán por la salud del difunto. Mas tarde en
España pude ratificar cuanto nos contó. No son pocos los lugares en los que se
da mas importancia al difunto que el caso que se le hacia en vida. Ya conté
arriba cómo los tratan en vida.
El fin de semana siguiente a
recibir nuestras medicinas nos llevó a un paraje con unas cascadas impresionantes
en las que nos bañamos y que hicieron que cuarenta días después acabaremos en
el hospital de medicina tropical, ya en
Madrid, como consecuencia de unos parásitos que se nos habían colado por
la piel. Ya volveré sobre ello.
Íbamos conociendo a un montón de gente, a unas encantadoras monjitas de clausura que
además de a la contemplación se encargaban de vender los frutos de su huerto y
de fabricar las obleas que se utilizaban en las misas y que nos utilizaron de correo para transportar
alguna cosa a sus correligionarias de Andújar.
A otras monjas que pasaban consulta médica al lado de la parroquia que cobraban por los servicios prestados lo que motivó que apenas recibieran medicinas de las que habíamos llevado y con lo que no estuvieron muy de acuerdo.
También conocimos a casi todos los sacerdotes trinitarios ya que se celebraba en esos días una de las reuniones
espirituales de los religiosos que pertenecientes al distrito de Tsiroanomandidy.
El viaje prometía, en apenas
tres días se sembraron dudas del acerca de donde estaba nuestro dinero, supimos
del encanto de unos niños que se contentaban con que les miraras y sonrieras,
conocimos a Bruno el médico francés que
dejó sus comodidades en Francia para pasar consulta gratuita entre miserias, al
obispo volador, a los voluntariosos españoles
y su casa de acogida de mujeres maltratadas, a Julián Cadenas que
interpuso sus ideales sociales al voto de obediencia mal entendido,…..
Esto no había hecho sino
empezar.
Los días siguientes los
destinaríamos a visitar algunas aldeas
con el fin de ver en qué estado estaban las instalaciones escolares y ver
posibles programas de ayuda para el futuro.
Lo siento, tengo que hablar
de la organización administrativa, aunque solo sea por encima.
Resulta que la orden trinitaria en Madagascar se organiza en
varios departamentos, el más importante es donde estábamos, el de
Tsiroanomandidy. Dicho distrito se
divide en seis parroquias y dentro de ellas hay pequeñas aldeas por las que se
habían diseminado las escuelas arriba mencionadas. Nada se hacía en cada
pequeña aldea sin el beneplácito del cura párroco. Pues bien, la parroquia de Ambohimiarna era
la más grande y en una de sus pequeñas aldeas, Ambohidaht, a apenas media hora
de la ciudad, se habían comprado trescientas hectáreas de terreno con el fin de obtener dinero vendiendo los productos
obtenidos y revertirlo a la comunidad y
así ser autosuficiente y no depender de
las ayudas europeas. Todo un sueño.
Allí, bajo el mismo recinto,
había una escuela primaria, una secundaria que recogía alumnos de escuelas primarias de aldeas colindantes y continuaban estudiando camino del instituto, también había un internado para niños de ambos
sexos y
cuya casa quedaba muy lejos para ir y venir cada día y a la que muchos de ellos volvían los fines de semana,
una sala de estudios, unos comedores.
Hacía escasos meses que se
había inaugurado allí mismo una casa retiro con unas veinte
habitaciones y que se utilizaba de cuando en cuando por la
comunidad religiosa y esperaba ser también un pequeño complejo alojativo que
aportara algún dinero a la comunidad. Todo
aquello constituía la joya de la corona de
los trinitarios en el sur de Madagascar.
El religioso
a cargo de de todo aquello era, el que a la postre fue uno de los
personajes del viaje: el padre Bernard. Él era el responsable de la
joya de la corona de los trinitarios en la zona sur de Madagascar, la parroquia
de Ambohidaht del distrito de Tsiroanomandidy. A él se
le había encargado la llevanza de las tierras por cuanto estaba considerado
como un buen capataz agrícola.
| ¡¡¡ esas sonrisas ¡¡¡ |
Nada más verlo Pablo lo
apodó como “el mamarracho”.
Nunca vi acierto mayor en el apodo a una persona, ya puedes imaginar el aspecto
y comportamiento del cura en cuestión, le servimos de excusa para justificar la compra de cervezas que se bebía
de dos en dos. Aun teniendo por superior a
Víctor, éste no se metía en nada
y aquél regentaba aquello como si de su
cortijo se tratara y así vimos, alguna mañana de las que allí dormimos, cómo se arremolinaban en la puerta una treintena
de mujeres que iban a buscar trabajo, ya
fuera arando, sembrando, o cualquier otra tarea agrícola y de cómo el mamarracho,
aun con legañas en los ojos, la camisa
desabrochada y aspecto deleznable decidía cual de aquellas mujeres trabajaría
ese día. Plena edad media.
Con aire condescendiente nos
miró cuando allí llegamos como preguntándose “ a qué coño habrán venido estos
dos?”
Dado que la escolarización
no es obligatoria son muchos los niños
que no pisan la escuela y mas aun en las zonas rurales en las que son muy útiles
cuidando animales o labrando la tierra.
Ir al colegio vale dinero,
alrededor de diez mil arys al mes
según el tipo de escuela y
profesorado (algo mas de tres euros). Como las familias suelen tener seis o siete
hijos es
imposible que todos ellos vayan al colegio, no hay dinero para todos.
Son estas escuelitas las que
van formando pueblo. Con el tiempo las
casas se construyen a su alrededor y los niños, si los padres aguantan
el gasto, irán a una secundaria y si
tienen suerte y valen, quizá lleguen al liceo. Ó estas escuelitas o nada. Los
trinitarios han llegado donde el estado
no llega, han logrado que muchos niños hayan aprendido a leer,
escribir y a conocer las cuatro reglas fundamentales y que alguno haya llegado incluso
a la universidad. No es poco y aunque aquí exponga mis quejas por el
comportamiento personal y la vida
licenciosa de alguno de los religiosos malgaches, la orden trinitaria ha
colaborado y lo sigue haciendo para que
la región tira para arriba. A mi me vale
con eso.
Los profesores tampoco
estaban muy preparados que se diga, Pablo dio una clase de inglés en una
escuela secundaria y el más
interesado en la misma fue Rivolala
el profesor. Lo hizo en Ambohidaht,
Rivolala era el jefe de estudios y se preocupaba mas o menos por
los niños pero incapaz de organizar nada, iba siempre con aires de estar
cabreado como esperando su posibilidad que ya le llegaría. Por él supimos
que había unos cien alumnos de primaria y ochenta de secundaria que pagaban algo mas que los de primaria, unos trece mil
arys (casi cinco euros) de mensualidad,
y que recibían por ello además de clases algo de material. Nos dijo que
muchos de ellos se retrasaban en el pago o simplemente no pagaban, lo que
implicaba que los profesores tampoco cobraran los cien mil arys (unos treinta y
cinco euros) al mes que tenían de sueldo.
En muchas ocasiones los alumnos pagaban con sacos de arroz que los profesores debían vender.
Como el tiempo es muy largo
y todo el mundo tenía ganas de contar las miserias de los demás, supimos que Rivolala estaba castigado en aquella
aldea por sus devaneos públicos con alguna mujer en la parroquia que había
tenido asignada y lo que era peor, se había quedado con algún dinero que se le
había entregado para gastos de la comunidad, al saberlo cobró sentido su
insistencia con nosotros en instaurar un
sistema de becas para los niños necesitados y que él controlaría.
Pudimos ver la escuela a la
que habían dedicado seis meses de tiempo y
cariño Marian y Miguel haciendo
mapas del mundo, del cuerpo humano
y que colgaban de las paredes, así como una valla que delimitaba la escuela. Ni
los poster, ni la valla por el deterioro
que llevaban completarían el curso.
Apenas hacía un mes que se habían marchado y ya todo aquello tenia aspecto de
abandono. Por momentos no podías dejar de pensar si cuanto hiciéramos valdría
para algo.
| Estado lametable |
El día siguiente visitamos
Ambohimiarina, allí nos esperaban monjas guadalupeñas, con ascendencia en la
virgen mexicana de Guadalupe, eran
malgaches pero su roce con las mexicanas había
logrado que chapurrearan el español y el contacto con el que había sido
su mentor hasta hacía unos meses, el padre José Hdez. Hay unas fotos y videos
al lado de este relato que tratan de recoger cómo nos trataron a nuestra llegada.
Nos dispensaron un
recibimiento improvisado con varios centenares de niños cantando. La madre superiora Carolina y la resolutiva Hortensia
manejaban a quinientos cincuenta alumnos tanto de primaria como de secundaria y
de unos pocos a punto de saltar al liceo el año próximo. Como todo aquello
había sido precipitado nos citaron para tres días después y así recibirnos como
– según dijeron- nos merecíamos.
El complejo escolar lo
formaban más de diez aulas lo cual aprovechó Víctor para decirnos que una de
ellas se había construido con nuestro dinero. Pablo y yo nos miramos
perplejos y es que aquellas
edificaciones tenían más de tres años y nuestro dinero se había mandado en mayo.
Volvimos días mas tarde.
| Los mayores |
Cada día de vuelta a casa
nos íbamos al centro a comer algo o cenar con Cesar y Jorge o jugábamos
al baloncesto -bueno jugaba
Pablo- con los balones que les habíamos
regalado a los seminaristas que
empezaban el camino del sacerdocio y a los que regalamos unas camisetas iguales que a su vez nos había regalado el
club del motorista Julito Simón de
Villacañas a fin de que las utilizaran como equipación cuando jugaran con otros
centros
Los días siguientes
conocimos las aldeas de Antanasua, en la que había una escuela hecha por el
ayuntamiento de Getxo y cuyos techos se estaban cayendo , allí se arremolinaban
alrededor de los profesores casi
cuatrocientos alumnos , visitamos Tsarratanana,
que juntaba casi cien alumnos en cuatro aulas, la escuela estaba bien pero los
responsables de la aldea no dejaban de pedir cosas, también nos llegamos hasta
Anatuska cuya escuela construida por
unas hermanas vascas –no recuerdo el
nombre- tenía un aspecto lamentable , su
profesora Natasha hacia lo que podía con los sesenta y siete alumnos que tenia.
| ¡¡¡Un balon ¡¡¡ |
Nuestra llegada era una
fiesta para los niños, de un lado las clases se suspendían durante un rato, de
otro les llevábamos algunos juguetes que sabíamos les vendría muy bien dejábamos en la escuela balones de futbol, de baloncesto, barajas de
cartas, fichas de dominó, cuerdas para saltar a la comba, repartíamos
globos y frasquitos de esos que producen pompas de jabón… y es que las tardes
son muy largas, nos decían, cuando no
hay nada con lo que jugar. Solo quien haya estado en situaciones parecidas
puede sabe la alegría que los niños experimentan al verse con balones u otros
juguetes para jugar y solo quien lo conozca sabe del respeto con que miran al
profesor esperando el permiso de éste para poder coger el balón y ponerse a jugar. Exactamente como en España
| ¡¡¡ Como se divirtieron ¡¡¡ |
Cuando llegamos a cada una
de las aldeas hablábamos con sus responsables
a fin de que nos hablaran de las necesidades de la misma, siempre hacíamos
el mismo discurso, les decíamos que éramos Papa Noel y que nos pidieran
cosas que alguna sería realizable. Siguiendo las instrucciones de Prolibertas ,
debían pedir por escrito aquello que necesitaban , explicar cómo redundaría en
la comunidad, bondades que se esperaban obtener, cuantía de los mismos…., pero claro si los
pobres no sabían escribir, difícilmente lo podían plasmar en un papel.
Esa tarea debía recaer sobre
el párroco de la aldea, es decir el
mamarracho y éste ni se dignaba bajar del coche que nos llevaba mientras
cigarro tras cigarro se fumaba el equivalente a la mitad del salario de un peón
agrícola. El párroco, como autoridad que era, debía estar presente en cada
sitio al que acudiéramos. Nosotros, viendo que éste no iba a mover un dedo, nos
prestamos a que nos dijeran aquello que
necesitaban, ya lo “traduciríamos” al lenguaje europeo. Quedamos para
vernos mas adelante ya con unas peticiones
concretas.
Mientras visitábamos las
aldeas y sus escuelas íbamos formándonos la idea de montar una pequeña liga de
futbol entre todas ellas gracias al material que llevábamos o que pudiéramos
comprar y así provocar que unos alumnos y otros se conocieran y generar
sinergias sociales Como he dicho, teníamos montón de balones que o bien nos
habían regalado o bien habíamos comprado
en España, también teníamos seis equipaciones para niños compradas en los
chinos en Madrid y que repartiríamos entre los colegios una vez formada la
liga. Ya iríamos viendo.
| Enseñandoles a jugar |
Los balones de futbol y baloncesto
que dejábamos en cada escuela los dejábamos
al cuidado de los maestros e insistíamos en la idea de que había que cuidarlos a fin de que
duraran más. Días después llegamos a Ambohidaht y vimos los balones de
baloncesto y de futbol al solajero, se
lo comentamos a los profesores y les dijimos aquello de que el dinero en Europa no era
gratis, que no caía de los arboles, que era un esfuerzo grande llevarles balones Nos aseguraron que no volvería a pasar , pero sabíamos que no era cierto, nadie se
sentía responsable de aquello.
| Caballerico |
Ya llevábamos unos cuantos
días por allí. Tuvimos suerte por cuanto
en esos días se celebraba una reunión de religiosos lo que nos sirvió para ver la tipología de los
mismos. Conocimos a Pedro que había sido la sombra de José Hdez y que
hablaba muy bien español, estaban enfadados con él porque a apenas unos pasos
de ser el primer sacerdote malgache decidió dejarlo todo y crear una familia, al
ya mencionado Víctor que se encontró con la responsabilidad de ser el
responsable de Tsiroanomandidy y que aun
estaba asentándose en el cargo. A Joaquín, de la parroquia de Ambatomaynty
a dos días de camino y que representaba perfectamente al fraile orondo que en
las películas vemos encargado de las cocinas, comía por tres y andaba por el
mundo con aires de superioridad, contento de haberse conocido y dando
gracias por su situación envidiable en
un mundo como aquél. A Soasen, el párroco de Morafenobe que nos causó una
muy grata impresión con sus aires de santidad y saber estar, a Albert
que era muy cariñoso y que
acababa de llegar de otra zona para hacerse cargo de un montón de pequeñas
aldeas y que ya empezaba a tener gran aceptación entre las gentes y algún
problemilla con la bebida. En verdad lo tenían muchos de ellos.
Recibimos en esos días el
e-mail que esperábamos de José Hdez, en él nos decía que nuestro dinero se había
empleado en hacer la segunda planta y el tejado del internado de Ambohimiarina
y que las monjas de allá nos darían cuenta de ello. Era el lugar de las monjas
Guadalupeñas, donde nos habían recibido tan bien y al que volveríamos dos días
más tarde. Allí había efectivamente un
edificio a medias y del que las sores nos hablarían días después.
| Nuestra escuela |
Visto lo visto decidimos que todo el material escolar y deportivo que
llevábamos lo dejaríamos con las monjas el día en que nos recibirían las sores.
Todo empezaba a cuadrar, José Hdez se había ido precipitadamente de Madagascar
dada su incompatibilidad manifiesta con
el obispo que para todo el mundo era evidente y
mas por cuanto se fue sin
despedirse de nadie, algo insólito en un hombre como él. Ante la evidencia de su marcha no le había
dado tiempo a hacer una escuelita
autónoma, sino que incorporó el dinero a una inversión de mayor calado consistente en hacer un internado
y una casa para las propias monjas –vivían hacinadas en dos habitaciones- y en la que intervenía el Vaticano. Todo ello
constituía una inversión de mas de veinticinco mil dólares.
| Nuestra escuela |
Como el grueso de la
inversión era del Vaticano la obra estaba bajo los auspicios del obispo volador
y si éste sabía que las monjas habían recibido dinero por fuera les cerraría el
grifo, así que habían gastado en lo mas inminente, en acabar la segunda planta
y techar el edificio antes de que llegara la época de lluvias. Mas tarde Felipe Bustinza
del que ya hablaré nos lo confirmó.
El recibimiento que tuvimos
dos días mas tarde nunca lo olvidaré, se
nos vino encima una lluvia de
agradecimiento en forma de niños desde los cuatro a los doce años y que
bajo un sol de justicia cantaban
y bailaban para nosotros. Allí, en presencia de todos, entregamos un montón de
material escolar y deportivo en la seguridad de que las monjas le darían buena
utilidad.
Decidimos que la liga de futbol se haría entre los
propios alumnos de Ambohimiarina y no entre
distintos pueblos, había mas de quinientos niños y era todo mas fácil.
Días mas tarde vimos lo acertado de nuestra decisión, mientras lo
comentábamos el padre Víctor y el mamarracho Bernard miraban con envidia todo
el material allí dejado y que no podrían manipular.
Las monjas nos dijeron lo
que ya sabíamos, que José Hdez les había
dado el dinero porque el obispo se retrasaba en los pagos del dinero enviado
por el Vaticano y las lluvias próximas habrían deteriorado mucho el edificio si éste
estaba sin techar. De ese modo con el
resto comprometido lograrían darle un empujón definitivo al edificio. Resultaba
evidente que se fiaba mas de las monjas
que del obispo. También nos dijeron de la necesidad de amueblar todo aquello y nos trajimos unos
presupuestos para Prolibertas de los costes necesarios para que aquello se
finalizara. Como buenas monjas no dejaban de pedirnos cosas, hasta una moto nos
pidieron dado que en la época de lluvias los caminos son impracticables para
los coches.
No todos los alumnos antes
mencionados eran de la pequeña ciudad que era Ambohimiarina sino que recogía a
niños de toda la región por eso era
imprescindible un internado. Si alguien está pensando en internados a la
europea que lo olvide, de ninguna manera son asimilables a los nuestros, allí la cama
es el suelo y un par de mantas, los baños son mas bien letrinas cuarteleras y
la sala de estudios, un banco corrido. Lo importante es que tienen un techo y
no necesitan hacer tres horas de ida y otras tantas de vuelta cada día si es
que quieren continuar sus estudios.
Nos quedamos contentos de
cuanto vimos y de cómo se había empleado nuestro dinero. Nos entregaron las
facturas de lo pagado por la segunda planta y el techo. Las fechas se
correspondían con el dinero enviado por nosotros. Todo cuadraba.
Sí, me gustaron aquellas
monjas con sus maneras férreas a la vez que dulces con las que trataban a los
niños. Sabían aplicar la teoría del palo y la zanahoria.
Esto ocurría un jueves, el
sábado siguiente habría un partido de liga ente los colegios de
Ambohimiarina y Ambohidaht. A las ocho de la mañana antes de que el sol
apretara deberían estar equipos de niños
y niñas de ambas localidades en esta
última ya desayunados. Jugarían a baloncesto y futbol y habría al menos seis
partidos por lo que no se debía perder tiempo.
A las seis de la mañana del
domingo los alumnos de Ambohidaht ya
estaban esperando para su misa matutina,
a qué hora llegó el mamarracho a decir la misa ? , a las siete. En qué
condiciones ? , borracho. Palabrita del niño Jesús.
Los equipos de las monjas
llegaron a las ocho según lo previsto habían llegado allí en tres o cuatro carromatos ya desayunados y tras dos horas de viaje. Los de Ambohidaht
y eso que estaban en su colegio aun no habían desayunado y deambulaban por el
patio tras el paripé de misa que habían oído.
Tras el rápido desayuno tuvimos que hacernos cargo de los
niños, ni Bernard, ni el director de estudios Rivolala se dejaron ver por allí.
Le tocó a Pablo y algún voluntarioso
profesor montar los equipos de Ambohidaht, y por fin y con un poco de retraso empezó todo aquello. Nuestra querida
Hortensia, la monja que venía a cargo de los niños de Ambohimiarina, le quitaba
hierro al asunto, nosotros no dábamos crédito.
Poco a poco la mañana pasaba
y los cabreos se iban dejando atrás viendo la alegría de los niños vestidos del Real Madrid del Barça, de la
Juve, de la Selección Española… les gustaba abrazarse en cada gol. Verse
vestidos igual les daba la sensación de
pertenencia a un grupo, de formar
parte de algo, les obligamos a saludarse
todos a todos antes y después del partido y corriendo se quitaban las camisetas
para dejárselas a los que venían después a jugar su partido. Fue bonito.
Mas tarde supimos que la
culpa de la borrachera matutina del padre Bernard había sido culpa mía. Me
explico. Resulta que yo siempre viajo con una botella de whisky de la que voy dando cuenta a lo largo de los
días a base de chupitos después de cenar
con la gente de mi alrededor, pero a esas alturas del viaje la botella estaba
prácticamente llena y como los días anteriores ya había tenido algún
desencuentros con Bernard traté de limar
asperezas invitándole a un chupito. Tanto le gustó que me pidió mas y vacié un
poco de mi botella en una de plástico pensando que daría cuenta
del whisky a lo largo del tiempo. No fue así, se lo bebió de golpe y ya puestos
en faena se bebió cuanto encontró a mano. A las dos de la tarde aun estaba borracho
trastabillándose al andar y deambulando sin sentido.
Mientras se desarrollaban
los partidos entre los niños se acercaron un par de representantes de los
poblados que habíamos visitado y que habían sido convocados por Pedro –aquel malgache que hablaba español
y que a punto había estado en ser el primer religioso trinitario- para pedirnos alguna cosa. Pablo no pudo asistir y
es que tenía que seguir con la organización que junto con un par de profesores
del colegio donde habíamos dejado el material estaban colaborando y bien.
Nos llamaron al comedor. Allí estaban Pedro, los representantes de los de padres,
Hortensia la monja ya mencionada y alguna persona más que no recuerdo. Nos iban a trasladar sus peticiones de
acuerdo con lo que les habíamos dicho en sus pueblos. Pero la reunión no podía
empezar sin Bernard, tuvimos que esperar a que se dignara venir, casi no se tenía
en pie.
| Con apuestas |
Las peticiones eran claras,
habían un montón de niños que no podían ir a la escuela por falta de dinero,
los padres solo podían mandar a la mitad y además había también unos cuantos
que acabada la primaria no se podían trasladar a internados por lo mismo. Lo
que pedían era instaurar unas becas, unos padrinazgos que harían que pudieran
estudiar mas niños y llegar mas lejos,
quien sabe si al instituto.
Les pregunté que quien sería
el encargado de administrar esos fondos, la respuesta ya la sabía: el párroco Bernard. Les pregunté que si de verdad creían
que Bernard estaba capacitado para ser el responsable de los fondos que
llegaran de España después del espectáculo que estaba dando durante todo el
día. Que si pensaban que alguien confiaría dinero a tremendo personaje.
| ¡¡¡ y sin juguetes ¡¡¡ |
Pedro no quería traducir y
le presione para que lo hiciera con toda la dureza de mis palabras.
Bernard al oír la traducción respingó y
empezó a enterarse de que iba aquello. Le pidieron que no alzara la voz, luego
supe que estaba diciendo que nadie iba a decirle a él cómo debía comportarse en
su casa.
La reunión acabó, mas
tarde los representantes, Hortensia y el
propio Pedro nos pidieron disculpas por
el comportamiento del mamarracho y que no tuviéramos en cuenta sus palabras. Les dije que haría llegar sus peticiones a la
dirección de Prolibertas pero que tampoco escondería la realidad de lo allí
visto. En realidad se lo contaba a todo
el mundo, lo conté mas tarde, cuando ya me volvía a España en el palacio
episcopal de la capital a un par de obispos malgaches que allí había y que reían
condescendientes ante lo oído, no les
extrañaba nada. Era, me dijeron un reflejo de la sociedad de Madagascar.
No volví a ver al
mamarracho.
Tuve la suerte de que el
padre Felipe Bustinza apareció por Tsiroanomandidy al que conté mis impresiones
de Bernard a las que prestó la atención
adecuada y me aseguró que lo plantearía en la próxima reunión adecuada.
Bustinza es un trinitario vasco de ochenta y pico años, grande, robusto, seco en el trato, como si estuviera marcando distancias,
distancias que a los pocos días se habían disipado. Me gustó desde el
principio, se había dejado en Madagascar
mas de sesenta años, era otro trinitario
embarcado en sembrar esperanza e ilusión a base de escuelas, de enseñar a cultivar la tierra , a
crear huertos. Estaba en Tsiroanomandidy para recibir a unos oftalmólogos cordobeses.
José Hdez. y él mismo
les habían comprometido para que un par de veces al año fueran por allí
y hacer cuantas operaciones fueran
posibles. José Antonio antiguo
trinitario que colgó los hábitos financió la construcción de una pequeña clínica para tal fin.
Pero no es tan fácil ayudar desinteresadamente,
los médicos malgaches que ejercían como oftalmólogos no estaban interesados en que alguien les quitara el negocio y es que, si había médicos europeos que hacían
aquellas operaciones gratis para que
pagar por ellas. Para aplacar todo
aquello explicaban que solo hacían
intervenciones a las personas pobres de solemnidad y que de ninguna manera habrían
acudido a otros médicos que los europeos por la sencilla razón de que no tenían dinero, además les enseñaban cómo trabajaban y les
dejaban pequeño material para su uso. De todos modos no era fácil.
El doctor J. Manuel Laborda
de la clínica Arruzafa de Córdoba se
había desplazado hasta allí y estar apenas
tres días –menuda paliza- para ver las instalaciones, llevar material y comprar lo que no era transportable según pude ver y
así, meses después aparecer con un par de compañeros y otras tantas enfermeras
y a doce horas diarias durante tres días solucionarle la vista a mas de un
pobre hombre. Encomiable lo de esta gente, gastan sus vacaciones, su dinero, su
salud… mi mas sincero respeto.
| Antes de los arreglos |
Me hice invitar por el padre
Bustinza lo que me quedaba de estancia
en Madagascar allá donde él estaba, en otra zona del país, exactamente en Fianarantsoa.
Así que el día que los oftalmólogos volvían a España, Pablo y yo nos fuimos a Antananarivo y tras un
par de días en la capital, él volvía a España y yo me iba con Bustinza y una chica por nombre
Mari Carmen que llegaba en el avión en el que Pablo se iba.
Durante esos dos en la
capital, visitamos un zoo en el que pudimos ver un montón de lémures que para
eso es el país del que proceden y que en
tantas películas de dibujos animados
salen. La capital es fea a más no poder, se pueden ver unos cuantos edificios
que en su día debieron ser majestuosos, pero hoy día están ajados por completo.
Lo más interesante fue ver los miles de coches Citroën “dos caballos” y Renault
“cuatro” que en los sesenta inundaban las carreteras españolas. Los usan de
taxis. Los hay a miles. De buena gana me habría traído más de uno, apenas
valían trescientos euros.
Dos días después el Padre Bustinza, la tal Mari Carmen, el sacerdote trinitario malgache Cipriano (mano derecha del octogenario
Bustinza) y el menda lerenda junto con el constructor que había hecho la
clínica y una escuela que Bustinza estaba haciendo salimos para Fianarantsoa a
la que llegamos seis horas después. Se iniciaba otra etapa del viaje.
| Sopicaldo |
Me toco dormir en el zaguán
que se originaba en el hueco de la escalera un par de días, en lo que parecía ser un almacén de cosas
inservibles y por los ruidos de fondo
que se oían acompañado de algún que otro roedor.
Mi suerte cambió gracias a las monjitas colindantes que tenían una casa muy agradable y una
habitación para invitados con salida autónoma a la calle. Pude dormir como un
señor, a partir del día en que se quedó vacía la habitación, que fue el tercero.
Me pasó como cuando llegamos a Tsiroanomandidy,
lo quería ver todo y rápido, la nueva escuela que se estaba haciendo, la casa
huerto en la que los trinitarios tenían a unos cuantos presos que se reinsertaban
cultivando diversos productos de huerta en connivencia con las autoridades, la
propia cárcel en la que intervenían activamente los trinitarios y las monjitas
que me dejaban dormir en su casa.
| El trono |
Es momento para decir que la
orden trinitaria desde sus orígenes, allá por el siglo XV, ha estado muy implicada en temas de prisiones: allá
donde vayan casi con seguridad el trema carcelario lo llevan ellos, y que como orden mendicante que eran, y son,
fueron los que lograron reunir suficiente dinero para rescatar a Cervantes de
Argel cuando fue hecho preso tras la batalla de Lepanto. Después de aquello
escribió El Quijote, algo les debemos creo yo.
La cárcel de la ciudad era
pequeña, y estaba masificada como pasa con todas, el caso es que había módulos
para adultos, para mujeres y para menores. Éstos últimos eran gemelos, pero el patio
de las mujeres lo habían adecentado con adoquines de modo que cuando llovía el
agua iba camino de la acequia cercana sin problemas, sin embargo el de los menores
era de tierra y por mas que trataban de mantenerlo limpio cuando llueve -y es
que allí cuando llueve lo hace de
verdad- arrastra tierra lodando los conductos manteniéndose el agua como si de
una piscina se tratara lo que suponía que, si los chavales querían comer,
tenían que cruzar el patio y mojarse hasta los tobillos durante varios días, y
es que los medios que la penitenciaría tiene son exactamente cero , de hecho
solo tenían por única comida al día un sopicaldo o un plato de arroz con algún
trozo de carne si tenían suerte. Los trinitarios suministraban a los menores y las mujeres una segunda comida.
| El patio acabado |
Mi primer contacto con la
cárcel fue el domingo en la misa que Cipriano dio. Allí se juntaban para la ocasión todos,
adultos, mujeres y jóvenes. La misa se daba en malgache luego no me enteré de
nada pero sí de los cánticos en los que se esmeraban los presos. Fui el foco de
sus miradas durante toda la ceremonia pero también a mi me dio tiempo a ver sus rostros duros, secos, enjutos, al
final me tocó decir unas palabras en las
que les deseé suerte para el futuro. Tuve clara mi aportación a esa zona, copiaría
el formato del patio de las mujeres para que los menores no andaran la mitad de
los días del año con los pies mojados.
Con trescientos euros que
costaron los adoquines y el cemento quedó un patio digno. Aquella gente no sabia francés
–yo solo lo chapurreo- pero nos entendíamos razonablemente bien y cada vez que
iba por allí casi me subían a hombros. La directora – era la única de todo el
país- me regaló como agradecimiento una mantelería.
| La peluqueria |
Hay que decir que para
entonces Mari Carmen ya había dejado ver de lo que sería capaz, estaba allí
porque conocía a alguien que a su vez conocía al padre José Hdez y decidió
arreglar el mundo empezando por Madagascar y como suele ocurrir en estos casos,
huyendo de alguna situación personal. No
hablaba nada de francés y sin embargo pensaba estar allí seis meses. Haciendo que? Pues resulta que ella era jardinera y trabajaría
en lo que tuviera que ver pero donde?, cómo?
La salida normal dadas sus características era
irse al huerto que tienen los curas con los presos en fase de rehabilitación,
pero me dice que ella no se ve allí y es que no hay las herramientas que usa en
Europa, ni las comodidades mínimas para trabajar. Pues qué pensabas que son las
colaboraciones le digo yo, aquí tienes gente a la que enseñar y tiempo para
hacerlo. Ella no lo ve nada claro.
Al padre Felipe le salió una
ulcera. Se le veía preocupado a cada momento hasta que me confesó la razón de
su pesar: qué hacer con aquella señora durante tanto tiempo.
Pasé varios días al lado de Cipriano o
Bustinza yendo de un lado para otro. Los trinitarios por mano de Bustinza
tienen allí una pequeña escuela muy agradable para los niños de primaria
que sueña, como no, con ampliarla con una
secundaria en unos años, lo que no se yo
es si no pasará como en Tsiroanomandidy
que cuando los europeos se
marchen aquello se deteriore de mala manera. Compré material escolar y
deportivo para la escuelita , ya no me quedaba nada y lo repartí entre los
niños ante la presencia de los profesores. Como dirían los cursis de las Ong´s
que salen por televisión cambié dinero por
sonrisas y es verdad que no te cansas de ver las caras de los
niños cuando reciben cualquier juguete, por módico que sea
Fianarantsoa está en plena
ebullición y es una obra continua, tiene una zona antigua rehabilitada hace
pocos años por proyectos europeos de colaboración a la que ya se le ven los andrajos y que tiene
un paseo, pero una vez hecho éste no merece la pena quedarse allí salvo si
tienes algo que hacer, así que como ya se
había puesto en marcha el tema
del patio carcelario le comenté a Bustinza que me iría en uno de los trenes más
pintorescos de África y que sale de la
ciudad hasta Manakara, en la costa este
del país. Me ausentaría tres días, iría en tren y regresaría en bus, cuando lo
comenté en la comida se subieron al
carro el padre Cipriano con el permiso
de Bustinza y Mari Carmen que a
esas alturas de la película se había convertido en mi sombra y que empezaba a
sopesar volverse a España viendo que
allí las cosas no sucedían como esperaba.
El viaje en tren promete,
son ocho horas entre paisajes preciosos.
En algunas guías de viajes en tren por el mundo sale como uno de los más
pintorescos. De hecho meses después vi en el suplemento viajeros de El País un
reportaje acerca de aquel tren, que gustazo pensar, ese tren lo cogí yo. Es la única
red ferroviaria de todo el país y los vagones y las maquinas son de los años
treinta, de madera, con bancos corridos y con primera y segunda clase. Vamos en
primera que vale el doble, a los blancos no se les vende segunda clase. Los
vagones de segunda son exactamente iguales , solo que se venden billetes mientras haya gente para viajar, es decir no se respeta el número de asientos previstos
y la gente va como ganado según vimos, poco
menos que a granel.
| ¡¡¡Cómo lo ves ¡¡¡ |
Como la maquina es
antiquísima, se estropea cada poco tiempo y no es nada claro que salgan los
días previstos. De hecho el viaje que vamos a empezar lo hace con tres horas de
retraso y es el primero después de varios meses parado por reparaciones por lo
que si va lleno en primera clase imagínate en segunda.
Lo que se ve a través del tren soy incapaz de describirlo, la frondosidad del paisaje te
deja boquiabierto, la exuberancia selvática que se ve desde la atalaya que es
el tren y que como un regalo se abre ante tus ojos es brutal, la gama de verdes
es infinita y los barrancos que amenazan
al tren espeluznantes. Además una de las frutas que tanto comimos, los lichis, que
son rojos y que en esta época están en su apogeo sobresalen en racimos de
entre las ramas del gigantesco árbol que los ofrece dando una nota de color entre tanto verde.
Pero si los paisajes que
ofrecen son de dejarte con la boca abierta no lo son menos las gentes que hay
en cada parada. Como ha estado parado durante tiempo y las pequeñas aldeas solo
se comunican por el tren hay que parar
en cada una de ellas para bajar mercancías y subir todo tipo de fruta camino de los mercados de
la costa lo que nos da tiempo para
mezclarnos con la gente que curiosea la
llegada del tren.
| Arboles de lichis |
El viaje previsto de ocho
horas se fue a más del doble, llegamos a la una y media de la mañana y sin embargo de
ninguna manera se me hizo duro. Incluso cuando llegó la noche tuvimos la
suerte de que nos acompañara una luna
llena poderosa.
Si alguna vas por Madagascar
y estás por esa zona no dejes de subirte a este maravilloso tren, que siga rodando ya no lo tengo tan
claro.
Nos
esperaban unas monjitas encantadoras de la congregación trinitarias de
Valençe en cuya casa dormimos. Son Agustina, Raquel y Lucia y me dan recuerdos y un pequeño paquete para
llevarlos a España a compañeras suyas de Alcázar de San Juan.
La bofetada que me llevé cuando
vi lo que hacían todavía me duele.
| Estaba atada y sonreia |
Eran las encargadas de
llevar el único “sanatorio mental” de la
zona, un cochambroso edificio en el que se hacinaban en el suelo, entre mantas
sucias de orines a juzgar por el olor, hombres y mujeres de todas las edades, algunos con medicación para bajarles la
agresividad y otros atados ante su reincidencia en peleas con otros internos.
Las monjas junto con un par de Ong´s
italianas atendían como podían aquello
inventándose juegos y actividades tratando de que aquellas pobres gentes pasaran el día lo mas dignamente posible. Pasé
allí la mañana jugando un poco con ellos
preguntándome del porqué de su suerte.
Si, ya se que en España se utilizan métodos parecidos, pero os aseguro que no
es lo mismo.
Por la tarde paseamos Manakara,
es bonita pero con un barniz de tristeza que la rodea y engulle, se parece
mucho a los países tropicales de Iberoamérica, solo que sin la vitalidad, ni la alegría, ni el vocerío
que reina en las calles de aquellos países a pesar de que seguramente sea la
misma pobreza. No se, parecía como que ese emplazamiento, esa vegetación,
mereciera mas alegría.
De vuelta a Fianarantsoa
paramos para pasear un par de horas por
el parque de Ranomafana que pillaba de
paso, ahora veía a pie lo que había
visto desde el tren, alucinas con la majestuosidad de los arboles, su altura y
su frondosidad. Como no soy botánico, ni biólogo ni cosas parecidas los di por
vistos todos. Ver los paisajes, los hábitats los animales que
se ven en los documentales no están al alcance de un particular, se necesita
una expedición de varios días andando en la selva, de otro lado Madagascar
ofrece poco al turismo que no sean los parques naturales. En el norte hay unos
cuantos complejos hoteleros para europeos que se parecen como una gota de agua
a otra a los de España.
| Manakara |
Apenas me quedaban unos
días para volver, los
gasté en dar un repaso a la
cárcel y sus inquilinos y ver el
resultado de las obras, por las fotos lo podéis ver. Paseé una vez mas la sucia ciudad que es
Fianarantsoa y volví a comer unos
estupendos pinchitos morunos que había localizado tiempo atrás cuando decidí
que no iba a comer mas el insípido arroz
en que consistía esencialmente la dieta diaria y es que en mas de una
ocasión mientras Bustinza se echaba a la
siesta yo me iba a comer mis pinchos morunos.
En estos días he estado en casas particulares de la mano de
Bustinza en la que dice una misa privada, me ha tocado decir unas
palabras en la misa de domingo en la cárcel y recibir un aplauso por el patio
conseguido, tanta simpatía desplegada me ha obligado a comprar unas mantelerías
a las presas, al final cargo con cuatro, mientras prometo a la directora de la
prisión que volveré, sabiendo que no cumpliré mi promesa.
Ya en Tananarivo, sigue
igual de fea, compro veinte kilos de lichis que me llevo a España. Viene
conmigo M. Carmen que está tratando de
volverse, luego supe que lo hizo, y espero a que pasen las horas hasta subirme
al avión.
Tenia la dulce sensación del
deber cumplido, de que lo que había ido a hacer en Madagascar lo había hecho
con creces. Quiero pensar que mi
presencia allí, y la de Pablo, sirvieron para llevar ilusión a algunos niños,
posibilidades de futuro a otros y un poco de comodidad a otros cuantos privados de libertad.
Qué me traje yo a cambio?,
pues unos bichitos por nombre Schistosoma Mansoni que en el baño que nos dimos los primeros días, el doctor Bruno, Pablo y
yo se alojaron en nuestro cuerpo.
Resulta que tal gusano microscópico, en su ciclo vital pasa de los moluscos al
agua en busca de mamíferos a los que
atraviesan la piel partiéndose en dos y
hospedarse en ellos hasta que treinta y tantos días después, vía heces,
sale en forma de larvas que buscan a los moluscos de los que salieron y vuelta a empezar.
| Los jodios bichitos |
Yo fui el primero que entró
en el agua y el último que salió lo que supuso que durante las navidades siguientes yo también tuviera un
ciclo, un ciclo diarreico vital : del
sofá al baño y del baño al sofá y de nuevo al baño. Después de pasar por un par
de hospitales que afirmaron que lo que tenia era un principio de bronquitis acabé en el hospital de medicina
tropical en Madrid, junto con
Pablo, hasta que pasamos lo más peligroso. Perdí unos cuantos kilos, en
palabras de mis amigos solo tenía orejas y nariz. Estuve durante varios meses
sin poder beber una copa de cerveza, cada vez que lo hacía me volvía a subir y
bajar la fiebre si orden ni control.
Eso te pasa por ir a esos
sitios, me espetaron a la cara mas de uno.
Sin embargo yo repetiría paso por paso cada uno de los actos que hicimos y es
que a mí el viaje me devolvió con creces
cuanto yo le había dado.
Además de las experiencias personales al conocer a unos y otros y visitar
sitios lejanos y distintos a los habituales el viaje me había servido para mucho mas, me había servido para recordar la importancia de relativizar los
problemas a los que nos enfrentamos habitualmente en la comodidad que supone
vivir en España, a procurar elegir la
opción buena entre las que se nos
ofrecen cada día, a saber
valorar las cosas pequeñas, a querer a tus amigos y tratar de merecer ser querido por ellos. Cuando viajas por las miserias no merecidas por las gentes que las sufren es más
fácil, ya de vuelta a casa, ser feliz.
Puerto Rosario a cinco de
abril de 2014.
Por si quieres leer relatos
de otros viajes ahí van los blog:
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